En mis charlas con otros colegas,
(también a veces con mis alumnos), siempre he defendido el escaso valor de la
información, (me refiero siempre a la información en sí misma, al dato), por su
precariedad. Una vez dado ya está obsoleto.
No termino de entender, e imagino
que se me queda cara de póker, cuando alguien me dice: yo tengo muchísima
información, tengo bases de datos inmensas en mi ordenador.
Soy un aguafiestas cuando
pregunto, ¿desde cuando no la tienes actualizada?. Las respuestas, siempre ya
en tono menos seguro, son del tipo: depende del tema, algunas tienen una
antigüedad de sólo un mes, otras puede que de una semana.
¿“Sólo” una semana, o un mes?.
¿Esa es tu base de datos?. La información se queda obsoleta en segundos, aunque
en algunos casos tampoco debemos exagerar.
Estar buscando constantemente la
información que se produce en cada momento, aunque sea solamente para la
temática de nuestro interés, es bastante costoso. Esto solo está al alcance de empresas
muy grandes, o de sistemas como Google, donde la información se rejuvenece “por
sí sola” en unas tremendas bases de datos, a raíz de las frecuentes y
constantes búsquedas de los internautas, y de las aportaciones de bases de
datos tipo Wikipedia, donde intervienen los propios internautas.
La maravilla de tener toda la
información en la red, donde en algunos casos como Wikipedia la actualización
de datos es a veces casi en tiempo real, proporciona una vida más cómoda a las
personas para la mayoría de las necesidades cotidianas. Porque en la mayoría de
los casos, ¿quién necesita un dato actualizado al segundo?.

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