Estamos en un siglo sin ideas,
pero con mucho descaro. El mismo que permite que, ante una educación sin
sentido, la gente de este siglo sólo sea capaz de plagiarlo todo. Tanto si lo
hace ilegalmente, plagio puro encubierto, como si es “legal”, (nuevas versiones
de libros, películas, revistas o programas de radio o televisión, tan iguales
unos a otros), el descaro es casi el mismo.
Es también el mismo descaro de
los que creen que porque ellos tienen menos hay que quitárselo a los demás, del
modo que sea. Y esto incluye también a la familia. Si tienes algo más, eso sí,
deslomándote cada día en tu trabajo, dejándote la piel, muchos parecen
considerar que es normal intentar
quitarte lo que se pueda, o bien si haces un regalo o tienes algún detalle no tiene
el menor mérito. Siento decirlo, pero es el descaro actualmente imperante. Un
descaro que se continúa y multiplica en los “okupas”, que en su descaro no
saben si lo que están ocupando, independientemente de que no les pertenezca,
tiene una u otra historia, que justifican sobradamente en muchos casos esa
desocupación, tras la que hay a veces un problema irresoluto de divorcio,
herencia u otros problemas legales en trámite. Lo peor es que el descaro llega
al extremo de que lo “okupado” ya no les parece retornable, llegándose a
extremos difícilmente creíbles cuando se intenta recuperar el bien ocupado. Descaro
por todas partes.
A veces la ley ayuda poco. Por ejemplo,
si vemos que robo de un automóvil que luego se abandona es un “uso indebido”
por parte de los pobrecitos ladrones, (a mí no me caben dudas legales sobre el
nombre aplicable), en lugar de un robo en toda regla.
Casi siempre, el perjudicado no
es ningún potentado, que de todas formas es exactamente igual para el caso,
sino que se trata de alguien a quién el coche le está costando unos hermosos
plazos mensuales a pagar, cosa que se ahorra el descarado. En realidad la
palabra exacta es ladrón, que además sale generalmente poco afectado por la
justicia ante la acción cometida.
El descaro genera una industria
adicional: la de la seguridad privada. Cuando todos tenemos que defender lo que
nos cuesta trabajo, esfuerzos y dinero y la justicia es torpe y lenta, acudimos
a nuestro propio aseguramiento de la seguridad. Menos mal que, por ahora, no
estamos como en los Estados Unidos de Norteamérica, donde esa posibilidad de
tomarse la defensa o incluso la justicia, por la propia mano, se está escapando
de todo control. Pero sin llegar a ello, el gasto particular en seguridad
privada es cada vez mayor.
El descaro llega mucho más lejos.
Alguien quema un bosque, vierte residuos o petróleo al mar, destroza gran parte
del futuro, nuestro y de nuestros hijos, y todo se salda con una multa, si no
con una reprimenda. ¿Y quién juega con ello? La especulación, sobre todo la
organizada, en plena era del descaro.
A veces, al ver las novelas y
películas futuristas intento no encontrar ese dichoso denominador común que
tanto me preocupa. Pero es que existe realmente. Cierto es que son sólo
argumentos futuristas, pero, ¿porqué en todos los casos la sociedad que se presenta
en el futuro es mucho peor que la actual o las pasadas? Casi siempre aparecen bandas
caóticas u organizadas que combaten el orden establecido. ¿O son sólo películas?
Si estamos imitando al pasado,
desafortunadamente por la ausencia de nuevas ideas, ¿por qué el futuro que
dibujamos se nos presenta tan diferente, tal malo? Hay mucha desesperación,
actualmente fruto de una mala educación. Si creas el descaro, no tienes freno,
y es más cómodo robar que trabajar, recrear que crear, usar lo existente que
buscar algo nuevo…
Me detuve en mis pensamientos al
parar en un semáforo rojo. Tenía mi coche limpio, pero alguien se empeñaba en
limpiarme el parabrisas. Le dije que no. Como seguían insistiendo en limpiar,
tuve que ponerme muy serio, incluso dar un grito, abriendo la ventanilla, para
impedir que lo hicieran. Pero ya habían manchado el parabrisas. Se sabe
claramente cuando hay necesidad y cuando se trata de algo premeditado y
organizado, las mafias de siempre, aunque siempre te queda alguna duda.
Tonto de mí, pensé que tal vez lo
necesitaban y les di una moneda. Al ir a cogerla el chico que intentaba limpiar
el parabrisas, “se le cayó” dentro
del coche, por lo que se quedó esperando a que le yo le diese otra. (Viejísimo
truco en el que caes por pensar bien). Se la di y se marchó cuando el semáforo
se puso en verde. Al llegar al aparcamiento y salir del coche me acordé y miré
en el suelo del coche la moneda “que se le cayó” al que limpiaba los
parabrisas. La moneda era de 5 céntimos de euro. Yo le había dado medio euro,
(en dos ocasiones, ya que “se le había caído” la primera vez). Lo peor de todo:
engañar a quién te ayuda. Es el colmo del descaro. La próxima vez no le ayudaremos,
y a lo mejor saldrá perjudicado aquel que sí lo necesita. En la era del descaro
perdemos todos.
En este post no hemos tratado del descaro de los políticos, ladrones casi por sistema. No era el objetivo, pero... esos si que tienen descaro.
En este post no hemos tratado del descaro de los políticos, ladrones casi por sistema. No era el objetivo, pero... esos si que tienen descaro.
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