Las perseidas son meteoros del
alta velocidad que provienen de la constelación de Perseo, y de ahí su nombre.
Aunque están asociadas popularmente con el mes de Agosto, especialmente en su
primer tercio, lo cierto es que su periodo de actividad es bastante más largo,
ya que abarca desde el 16 de julio hasta el 24 de agosto. Por coincidir su
etapa de máxima intensidad entre el 11 y el 13 de agosto son también conocidas
en los países de tradición católica con el nombre de lágrimas de San Lorenzo,
porque el 10 de agosto es el día de este santo. Ya en la Edad Media y durante
el Renacimiento la máxima intensidad de las perseidas tenía lugar en la noche
de conmemoración de este santo, (10 de Agosto), por lo que se asociaron con las
lágrimas que se supone que vertió san Lorenzo al ser quemado en la hoguera.
Aunque existen registros de
actividad desde el siglo I de nuestra era, no fue hasta 1835 cuando el
astrónomo belga Adolphe Quetelet mostró que se produce una lluvia de meteoros,
de forma cíclica en agosto, con origen en la constelación de Perseo.
En esos días se produce una Tasa
Horaria Zenital (THZ) de 100, lo que le convierte en todo un espectáculo para
ser visto con facilidad incluso en las ciudades.
Según Wikipedia, wl cuerpo
progenitor de las perseidas es el cometa 109P/Swift-Tuttle. Descubierto por
Lewis Swift y Horace Parnell Tuttle el 19 de julio de 1862, posee un diámetro
de 26 kilómetros y su órbita alrededor del Sol tiene un período de 135 años.
Su última aparición tuvo lugar en
1992, produciéndose en 1993 un pico de actividad con una THZ de 300. Desde
entonces, la actividad ha descendido progresivamente hasta el nivel actual.
Casualmente, en 2009, hubo un paso hacia una corriente de detritos de mayor
densidad, por lo que la THZ fue de hasta 173.
Centrándonos en ahora mismo, este
año, en las noches del viernes 11, y sábado 12 de agosto, la Tierra cruza por
el mismo sitio que pasó el cometa Swift-Tuttle en 1992. Aquella bola de hielo y
roca del tamaño de una gran ciudad dejó tras de sí una estela de polvo y
pequeñas piedras que se convierten en estrellas fugaces cuando chocan contra la
atmósfera terrestre. Los restos del cometa, de pocos centímetros de diámetro,
entran en la atmósfera a 160.000 kilómetros por hora, calentándose por la
fricción hasta alcanzar varios miles de grados de temperatura y ponerse
incandescentes.
Para observar bien las estrellas es
conveniente alejarse tanto como sea posible de las luces de las grandes
ciudades, que ahogan el brillo del cielo, y mirar en dirección nordeste, por
encima del ecuador. Este año se ha calculado que el periodo de actividad máxima
sería en las noches del viernes y sábado, con entre 100 y 150 meteoros visibles
por hora. Aunque estos dos días son los de observación óptima, se pueden ver estrellas
fugaces hasta el 16 de agosto.
Aunque las Perseidas son la
lluvia de estrellas más populares en el hemisferio norte, a lo largo del año se
pueden ver más de 100 eventos meteóricos, igualmente producidos porque la
tierra se cruza con las estelas de otros cometas “cercanos”.

