domingo, 24 de junio de 2018

Hologramas. ¿Son útiles?


El día 2 de Mayo de 2016 escribí un post titulado ¿Conoces el potencial de los hologramas? Lo tienes a tu disposición en mi blog, por lo que no voy a reproducirlo, pero sí creo que ha llegado la hora, dado el carácter divulgativo que intento dar a mis post en todos los terrenos, (ciencia, arte, matemáticas y curiosidades de interés), de volver a tratar el tema de los hologramas y ver si hay avances y nuevas aplicaciones.

Recordemos que en cine los vemos continuamente, aunque alguno de vosotros ni siquiera los habéis asociado con hologramas, en La Guerra de las Galaxias, (la princesa Leia, por ejemplo, fue de los primeros), pero es un holograma muy básico. Esto puede sorprender, pero no pasará de ahí. Así eran al inicio, azules, o verdes, básicos y que no engañan a nadie. Sin embargo, actualmente hay conciertos de artistas que ya no están, con hologramas multicolor en los que parecen estar realmente presentes. El caso de Hastune Miku, es famoso en Facebook, con un holograma en el que simula tener 16 años y con una estatura que apenas llega al 1,60 metros. Sin embargo, es atractivo al nivel de redes sociales, pero a nivel tecnológico, sigue siendo muy básico.

En un intento por incorporar esta tecnología a la realidad, Christina Aguilera ‘resucita’ a Whitney Houston. En una actuación en directo, aparecen ambas intérpretes cantando juntas en el escenario, a pasar de que Whitney Houston había fallecido en 2012. El video que se grabó resulta atractivo, pero enseguida se ve que el estado de la tecnología aún  dista de ser perfecto. De hecho, inicialmente los herederos de Whitney Houston se negaron a esta actuación, por considerar que  no era perfecta.


Espero que podáis ver el video, que ha tenido muchos problemas para poder divulgarse. La idea es ver el estado actual de la tecnología que, aún siendo primitiva todavía, ya permite algunos pinitos como este.

Para meteros del todo en materia, a los que realmente os interese el tema de los hologramas, os recomiendo leer mi post de Mayo de 2016, y cuyo link es:


Según se vayan perfeccionando, cada vez nos costará más distinguir realidad de ficción y tal vez nos pueda producir cierto desasosiego si llega el momento en el que no podamos distinguir una imagen real de un buen holograma.

Más impactante me ha parecido el que unos científicos japoneses están desarrollando hologramas con los que podemos interactuar en tiempo real. Y eso sí que me produce sensaciones encontradas: por una parte da pavor la llegada de algo así, pero por otra, puede ser una fuente de oportunidades a diversos niveles de la vida. (Ver link).


Pero en lugar preocuparnos por miedo a algo desconocido, veamos sus posibles utilidades, tal como el poder ver paso a paso el montaje de un mueble, un aparato electrónico, un ordenador… con un holograma que muestra como se hace.

Una empresa que trabaja para Ford desarrolló un holograma del prototipo de un nuevo modelo de Ford, el Thunderbird, de modo que los asistentes al acto pudieron ver con sus propios ojos un coche que todavía no existía físicamente, con todo lujo de detalles, tal y como lo verían si el coche existiera en realidad y lo tuvieran delante.

Con esto nos va pasando como con los avances que se van realizando en la robótica: robots cada vez más perfectos, más “humanos” en su apariencia y línea de actuación, y con aplicaciones que superan a las del hombre. Ahora le incorporamos los avances en hologramas, y tenemos un cóctel de miedo al futuro de lo más impactante.

Actualmente, todavía no nos damos cuenta de los cambios que pueden conllevar estos avances, y lo que puede suponer para muchos empleos. ¿Para que necesitaríamos una  persona que nos explique como funciona un producto si puedes tener un holograma que te muestra como hacerlo paso a paso como si estuviera allí contigo? Y por si fuera poco con los últimos avances, (ver video japonés), puedes interactuar con el preguntándole dudas.

Como el tema tiene su miga, voy a hacer cortito, deliberadamente, este post. Si lo vais a leer con el otro post de Mayo de 2016 que os he recomendado, para estar más metido en materia, ya hay tema de lectura suficiente.

Espero vuestros comentarios.

miércoles, 20 de junio de 2018

Tempus Fugit


El tiempo es una de esas cosas que no es posible recuperar. Si perdemos un segundo, ese segundo ya se perdió para siempre. Es como el agua de un río, la que ha pasado ya no volverá.

Sin embargo, todos malgastamos mucho tiempo, lo que ha dado lugar a diversos estudios para averiguar las causas que originan esta forma de actuar.

Una de las primeras conclusiones a las que ha llegado es que muchas veces existe una falta real de objetivos, lo que se agudiza especialmente en el entorno laboral. En el estudio se muestra que las personas no saben exactamente porqué están trabajando, cuales son sus verdaderas actividades, en definitiva, las personas no saben porqué les pagan su sueldo. ¿Os suena raro?.

En el trabajo, hay una serie de actividades que se realizan cada día, las más de las veces repetitivas, que podríamos llamar semiautomáticas, fruto de unas descripciones del puesto de trabajo, y convertidas en una rutina. Pero nadie, o pocos, se han parado a conocer su papel en la empresa y cómo pueden aportar más de si mismo que una simple labor rutinaria. Si no tienes claras tus actividades, difícilmente puedes optimizar tu trabajo y, sobre todo, tu tiempo. Porque una cosa es intentar optimizar tu trabajo o tu tiempo, y otra totalmente distinta es no saber que trabajo, o tiempo, optimizar. Cuando la persona sepa realmente qué es lo que tiene que hacer, qué es realmente aquello por lo que le pagan, y qué prioridades tienen unas tareas sobre otras, entonces estará en condiciones de optimizar ese trabajo y el tiempo que dedica al mismo.

Esto puede aplicarse en todos los órdenes de la vida, sea en el entorno laboral o particular o personal. Muchas personas no tienen claro porqué están en este mundo, y si no se les ayuda de alguna manera, tal vez algunas no tengan nunca qué es lo que quieren, desean o deben hacer. 

Esta es la clave de todo. Aclarar las ideas, sentarse unos minutos a definir los objetivos de la vida, del trabajo, es la base de una futura e inmediata mejora en las actividades personales o laborales, y en todos los órdenes de la vida.

Buscar los objetivos de nuestra vida, encontrar las razones por las que se está trabajando, de forma clara y efectiva, es el primer paso para establecerse unas metas hacia las que dirigir todos los pasos de nuestra actividad, cada día.

De esta manera no se perderá el tiempo, ya que si nos orientamos hacia unas metas, hacia unos objetivos, el tiempo estará mejor aprovechado. Y lo que hagamos en nuestras horas laborales será más fructífero, y notaremos de forma clara como todo mejora y se amplía el horizonte. Aumentan las perspectivas y desaparece la monotonía y el dejar pasar el tiempo. Dejar de perder el tiempo, en definitiva.

Esto afecta a toda tu vida. Tómate unos minutos y reflexiona. Si no tienes claro de porqué estás aquí párate, y antes de seguir procura haber encontrado una razón para vivir, una razón para trabajar y una razón para dedicarle unos horas a tu familia.

Y lo más frecuente es que entremos muchas veces en la procrastinación. Me imagino que la palabra te suena, pero viene bien que recordemos que la procrastinación es el hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas en el momento por otras actividades, tal vez porque nos resulten más agradables.

Esto aparece pronto en nuestra vida. Existe algo que se llama el "síndrome del estudiante" (que es el hecho de que muchos estudiantes pospongan la entrega de sus trabajos hasta el último minuto de la fecha límite o el ponerse a estudiar hasta el día antes del examen) quees claramente procrastinación. También está presente en el entorno laboral, como cuando se acerca la fecha límite para pagar los impuestos (para presentar las declaraciones), las oficinas donde se llevan a cabo esos trámites (los bancos, por ejemplo, se saturan de personas que asisten a realizar ese trámite el último momento).

Hay una diferencia entre procrastinar y perder el tiempo, aunque generalmente lo uno suele llevar a lo otro. Este comportamiento tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés). Éste puede ser psicológico (en la forma de ansiedad o frustración), físico (como el que se experimenta durante actividades que requieren un trabajo fuerte) o intelectual. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente sin tener una fuerza de voluntad para concluirla.

¿Porqué se pospone la actividad? Posiblemente porque puede ser percibida como demasiado abrumadora, desafiante, inquietante, peligrosa, difícil, tediosa o aburrida, algo que nos genera estrés, lo cual “justifica” posponerlo a un futuro indeterminado.

Se ha encontrado en diversos estudios que la procrastinación funciona a partir de una lucha entre el sistema límbico y la corteza prefrontal del cerebro. Algo así como que el sistema límbico (la zona que incluye el centro de placer del cerebro) lucha contra la corteza prefrontal (la zona que se dedica a planificar las cosas), y cuando el sistema límbico gana, nuestro cerebro elige una tarea más placentera a corto plazo por encima de la que nos otorgaría una mayor satisfacción a largo plazo.

De esta forma, nuestro cerebro se vuelve adicto a la procrastinación, como ocurre con cualquier otra cosa que genere impulsos de dopamina. La dopamina modifica las reacciones neuronales del cerebro haciendo que sea más probable que repitas la acción que la genera.

Deducimos de todo esto que la manera de evitar la procrastinación es estar muy conscientes de lo que hacemos en el momento en que tomamos cada decisión, para no permitir que nuestro sistema límbico venza a la zona prefrontal, y se decante por procrastinar.

Lo peor de la procrastinación ni siquiera es la cantidad de trabajos acumulados que se quedan sin hacer  hasta el último minuto, sino que realmente no nos sentimos bien cuando lo hacemos, aunque nuestro sistema límbico así lo crea. El ciclo de retraso genera una sensación de culpabilidad, ansiedad, pánico y cansancio, y genera estrés en las personas que lo sufren.

Algunos consejos

Getting Things Done, GTD, es un método de productividad desarrollado por David Allen que ha sido aceptado mundialmente como una de las metodologías más eficientes de organización personal.

El método GTD se basa en el principio de que una persona necesita liberar su mente de las tareas pendientes guardándolas en un lugar específico, de forma que no sea necesario recordar lo que hay que hacer y se puede concentrar en realizar las tareas.

El flujo de trabajo que se usa en GTD consta de las acciones siguientes:

    Recopilar o capturar: conseguir que todas las ideas, tareas y pensamientos estén en tu sistema, en tus bandejas de entrada, y no en tu cabeza
     Procesar: todo lo recopilado tiene que procesarse. En el sistema GTD procesar significa convertir las cosas en acciones
 Organizar: En GTD organizar significa que todo lo procesado hay que distribuirlo según su objetivo: tareas, y con sus prioridades, o bien algo no necesario, en ese caso derivarlo a la papelera, y si es material de referencia archivarlo
     Evaluar: es decir, decidir qué hacer, tanto después de procesar y organizar, así como realizar revisiones de forma periódica
 Hacer: el objetivo de todo el proceso de control es acabar realizando eficientemente todos los compromisos que hemos adquirido, tanto si son acciones siguientes como si son compromisos en nuestra agenda

Como prácticas para evitar o disminuir la procrastinación, podemos considerar algunos puntos de acción, tales como:

1.     Utiliza la regla de los diez minutos. Que tiene su origen en el GTD y nos dice que si estás planificando una acción que se puede hacer en menos de diez minutos, no la planifiques; hazla YA. Haciendo de esta regla un hábito, habrá muchas tareas que no habrá que posponer
2.     Regla del primer paso. Da un primer paso. Ante una tarea que odies, plantéate trabajar solo 10 minutos en ella y dejarla. Cuando empiezas a trabajar el temor se desvanece y se coge cierta inercia para continuar y, a veces, te puede durar hasta terminar el trabajo. Al dar ese primer paso se ven de otra manera cosas que antes parecían imposibles  
3. Aprendamos a decir NO. Muchas de las tareas que se posponen parten de compromisos que te has buscado tú mismo por no saber decir que no
4.  Créate rutinas cuando proceda. Las rutinas son hábitos o costumbres que se hacen de forma casi inconsciente y simplifican la vida. Si eres capaz de convertir la tareas repetitivas y aburridas en rutinas, con el tiempo las harás sin apenas esfuerzo
5. Divide el trabajo en tareas pequeñas y concretas. Un proyecto grande y complejo puede resultar abrumador, pero al dividirlo en pequeñas tareas disminuye la resistencia a enfrentarse al mismo
6.   Evita las distracciones. Cuantas más tentaciones tengas para hacer otra cosa en vez de lo que tienes que hacer, más fácil será procrastinar. Aíslate lo mejor posible para concentrarte en la tarea 
7.   Algunos expertos sugieren crearte una recompensa para cuando termines esa tarea que se resiste. Puede ser un elemento motivador el pensar en lo que harás después de terminar esa tarea. Eso sí, que sea algo que realmente te apetezca, te relaje y no te suponga ningún esfuerzo.

Con los datos de este post como base, puedes encontrar tú mismo lo que puede hacerte trabajar mejor y no procrastinar. Y lo mismo en lo que se refiere a tu vida personal. Busca los puntos débiles que te incitan a procrastinar, échale un vistazo de  nuevo a este post y encuentra tu camino para NO procrastinar. Recuerda que cada vez que terminas  una tarea, o logras una meta de cualquier tipo en la vida, aumenta tu nivel de felicidad por lo logrado. 

Recordemos que hay un reloj con un número de horas, minutos, y segundos asignados a nuestra vida, y los que perdemos no pueden recobrarse de nuevo.

miércoles, 13 de junio de 2018

El simbolismo. Siglo XIX


A pesar de no haber logrado un amplio seguimiento en los posts sobre pintura, en Septiembre y Octubre de 2016, he decidido retomar esta temática, que tanta importancia tiene dentro del arte. Me parece oportuno dar una cierta continuidad a la temática, tras haber hablado anteriormente un poco sobre el postimpresionismo en la pintura.

Dentro del postimpresionismo hay varias corrientes, habiendo tocado algunas en el post mencionado de Octubre de 2016, (que podéis volver a leer si os apetece), pero no he tratado en aquella ocasión sobre un aspecto tan importante, (al menos yo lo veo así), como es el simbolismo.

Comencemos por el principio real. A nivel literario, el simbolismo fue uno de los movimientos artísticos más importantes de finales del siglo XIX, originado en Francia y también en Bélgica. En un manifiesto literario publicado en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo como «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». Para los simbolistas, el mundo es un misterio por descifrar, y el poeta debe para ello trazar las correspondencias ocultas que unen los objetos sensibles (por ejemplo, Rimbaud establece una correspondencia entre las vocales y los colores, en su soneto Vocales). Para ello es esencial el uso de la sinestesia. (Una figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde).

Se puede considerar que este movimiento tiene sus orígenes en el libro estrella del escritor francés Charles Baudelaire. Por otra parte, el notable escritor norteamericano Edgar Allan Poe, admirado por Baudelaire, influyó también decisivamente en el movimiento, proporcionándole muchas imágenes y figuras literarias. La estética del simbolismo fue desarrollada por Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine en la década de 1870. Para 1880, el movimiento había atraído toda una generación de jóvenes escritores cansados de los movimientos realistas.

Volviendo al tema del post, el simbolismo pictórico se caracterizó por características tales como:

Color. Era frecuente el uso de colores fuertes para resaltar el sentido onírico de lo sobrenatural. Del mismo modo el uso de colores pasteles, por parte de algunos artistas, a pesar de su suavidad, perseguía el mismo objetivo, junto con la difuminación del color. 

Temática. Prevalece claramente un interés por lo subjetivo, y lo irracional. No se queda en la mera apariencia física del objeto sino que a través de él se llega a lo sobrenatural, lo cual va unido a un especial interés por la religión. Los pintores y poetas ya no pretenden plasmar el mundo exterior sino el de sus sueños y fantasías por medio de la alusión del símbolo. (De ahí su nombre). La pintura pretende reflejar la expresión del estado de ánimo, de las emociones y de las ideas del artista, a través del símbolo o de la idea.

Técnicas. Lo que une a los artistas es el deseo de crear una pintura no supeditada a la realidad, en oposición al realismo, y en donde cada símbolo tiene una concreción propia en la aportación subjetiva del espectador y del pintor. No hay una lectura única, sino que cada obra puede dar lugar a interpretación de cosas distintas por cada individuo. Su originalidad no estriba en la técnica, sino en el contenido.

El simbolismo tuvo una marcada influencia en movimientos posteriores, como el Art Nouveau o el surrealismo.

Entre los representantes del movimiento, podemos destacar, por la parte francesa a:

Odilon Redon (1840–1916) es el más puro de los simbolistas. Representa lo mágico, lo visionario y lo fabuloso. El sueño, La Esfinge, El nacimiento de Venus, Las flores del mal, Mujer y flores.

Gustave Moreau (1826–1898): gran dibujante y de gran virtuosismo técnico. Es un narrador de sueños y extrañas visiones. Su fuente de inspiración principal es la mitología.

Pierre Puvis Chavannes (1824–1898) es el más idealista del grupo. Utiliza tintas planas, subordinadas a un buen dibujo. El pobre pescador, Bosque sagrado, Musas inspiradoras.

Un excelente exponente, de origen vienés, es Gustav Klimt (1862–1918) que fue sin duda uno de los más importantes representantes del Simbolismo, de cuyas obras se podrían destacar El beso, El friso de Beethoven, Palas Atenea, Judith I, Las tres edades de la mujer, Nuda Veritas y Dánae. La mayoría de sus cuadros están cargados de un sentido lírico-decorativo y retratan a mujeres fatales, jóvenes, pelirrojas y sensuales.

Dentro de la región también encontramos a Carlos Schwabe, que es un pintor de gran imaginación para plasmar imágenes oníricas. Es precursor del modernismo. Nació en Altona, Holstein, pero siendo aún de corta edad se trasladó a Ginebra, Suiza. Tras estudiar en la École des Arts Décoratifs en Ginebra, se instaló en París, donde comenzó a frecuentar los círculos simbolistas. Sus pinturas solían ser sobre temas mitológicos y alegóricos; como artista esencialmente literario, ilustró muchos libros, entre otros: Le rêve (El sueño) de Émile Zola, Les Fleurs du mal (Las flores del mal) de Charles Baudelaire, Pelléas et Mélisande de Maurice Maeterlinck, L’Evangile de l’enfance de notre Seigneur Jésus-Christ selon Saint Pierre (El Evangelio de la infancia de Nuestro Señor Jesucristo según San Pedro) de Catulle Mendes y Jardin de l'infante de Albert Samain. Schwabe vivió el resto de su vida en Francia y murió en las afueras de París en 1926.

Podemos dedicar otras menciones a Leon Spilliaert, con La travesía, Edward Robert Hughes, un idilio de sueño, Herbert James Draper, Lamento de Ícaro, Franz von Stuck, con ll pecado, o Karl Wilhelm Diefenbach (1851–1913), un simbolista que encontró el lugar perfecto para su utopía en Capri.

En cuanto a España, encontramos a muchos representantes del simbolismo, como Joaquín Martínez de la Vega (1846-1905), un artista que conocía a los pintores nazarenos y prerrafaelitas y que en los últimos años de su vida, entre 1900 y 1905, inmerso en un mundo de alcohol y droga, realiza una serie de pasteles entre idealistas y decadentistas que se integran de pleno en el lenguaje simbolista europeo. Sin salir de  Andalucía podemos citar también las últimas obras, naturalezas muertas y desnudos femeninos, del granadino José María Rodríguez Acosta (1878-1941). Asimismo haremos referencia del madrileño Eduardo Chicharro (1873-1949), artista que se movería siempre dentro de la estela del simbolismo, del que destacaremos, en especial, el tríptico de Las tres esposas (1908) y La tentación de Buda (1922); los aragoneses Angel Díaz Domínguez (1879), autor de los lienzos que decoran el Casino Mercantil de Zaragoza (1914 y 1919) y Francisco Marín Bagüés (1879-1941) que enviaría, como pensionado en Roma por la Diputación de Zaragoza, un tríptico sobre Santa Isabel de Portugal, de clara resonancia prerrafaelita y muy próximo a Las Tres Esposas de Chicharro.

También tienen estos visos decorativos las primeras obras del asturiano Evaristo Valle (1873-1951) entre muchísimos otros artistas que es imposible enumerar. Y finalmente en una línea mucho más abiertamente decadentista, señalaremos la obra del artista cubano, famosísimo en su tiempo, que residió mucho tiempo en España y se afincó definitivamente en París, Federico Beltrán-Masses (18851949). Hay que tratar con cierto detalle al cordobés Julio Romero de Torres (1874-1930), por ser uno de los pintores que mejor definen la ambigüedad que domina todas las manifestaciones simbolistas. La fama popular que gozó en los últimos años de su vida y, especialmente, en los que siguieron a su muerte, le ha llevado a protagonizar una copla popular; el que recree los tópicos de una Andalucía doliente y, muy especialmente, por el erotismo de sus desnudos femeninos, ha llevado a perder la perspectiva suficiente para enjuiciar a un artista que encarna uno de los momentos más complejos del simbolismo. Y también a Néstor Martín-Fernández de la Torre, considerado el último simbolista, y que con él murió el simbolismo.

No podemos dejar de mencionar a la escuela de Pont-Aven. Desde 1873 la ciudad de Pont-Aven es frecuentada por los alumnos de la Escuela de Bellas Artes de París. En 1886 llega Gauguín y en 1888 se instala un grupo de pintores dispuestos a seguir sus enseñanzas al margen de la Academia. Participan en la exposición del Café Volpini en 1889. Ese mismo año, Gauguín marcha para Tahití y el grupo se desvanece.

Sus obras se caracterizan por el uso libre del color, pueden pintar la hierba azul o roja si así lo sienten, que se aplica en grandes manchas y con tintas planas. Utilizan el cloisonismo. El cloisonismo es una técnica desarrollada en la segunda mitad del siglo XIX por Émile Bernard, uno de los primeros integrantes de la Escuela de Pont Aven y por Gauguin. Su influencia procedía principalmente del japonismo y de Louis Anquetin.

El resultado es una obra muy decorativa. En esta forma de pintar ha influido mucho el conocimiento del arte primitivo y las estampas japonesas. Existe una voluntad de sintetizar las formas. Son una síntesis entre el estilo impresionista y el simbolista por lo que pueden ser considerados simbolistas, por su espíritu.

Entre los pintores más destacados de Pont-Aven están Emile Bernard, con su Bretones bailando en la pradera, Charles Laval, en su Autorretrato, Meijer de Haan, en Bretonas tejiendo cáñamo, Paul Sérusier con su Naturaleza muerta con escalera, Claude-Emile Schuffenecker, con Los acantilados de Concarneau, Cuno Amiet, Louis Anquetin y Roderic O’Connor.

Habría mucho más por escribir sobre el simbolismo, pero este post se ha alargado más de lo que tenía pensado inicialmente. Si creéis que os puede interesar, hacédmelo saber y nos ocupamos más a fondo, o tratamos otros aspectos del post impresionismo, como el puntillismo, por ejemplo, y otros estilos.

viernes, 8 de junio de 2018

El cero

Hace algún tiempo que no escribo en este blog. Nunca hay razones para justificar esto, pero si quisiera buscar alguna la encuentro en que no termino de encontrar cual es la temática que prefieren los lectores de ese blog.

Yo escribo siempre con el propósito de aportar algo a alguien, y de ahí surge el que tenga otro blog sobre marketing, por cierto con un seguimiento adecuado, también el que haya escrito cuatro libros, tres en formato papel y uno en formato digital, y el que haya sido profesor de universidad durante 20 años, además de mi trabajo habitual. Llamémosle vocación docente, o tal vez una manía mía.

Tras haber tratado diversos temas, desde divulgación general hasta algunas de mis pasiones, como la pintura, he comprobado que el mayor seguimiento hasta ahora lo han tenido los posts relativos a las curiosidades sobre los números. (Número de oro, el número perfecto, el número Pi, y algunas curiosidades como la de los seis grados de separación).

Así que hoy me pongo frente a la pantalla del ordenador para hablar sobre el número cero.

Si en principio parece un absurdo, (no tiene valor numérico, las operaciones con cero son extrañas, incluyendo una división por cero que introduce el concepto de infinito; lo cierto es que actualmente no existirían matemáticas sin el número cero.

Aunque parezca mentira, las grandes civilizaciones, griega y romana, no concebían el concepto del número cero. Posiblemente el número cero se consideró inicialmente en la civilización Maya, utilizándolo para representar a un numeral ausente.

Pero es la civilización india la que lo definió como el resultado de sustraer cualquier número de sí mismo. De alguna manera podemos decir que el cero nació en la India. La palabra “cero” proviene de la traducción de su nombre en sánscrito, “shunya” que significa vacío.

Parece ser que fue Brahmagupta quien trató el cero como un “número”, no como un simple marcador de posición, y mostró unas reglas para operar con él.

Finalmente, el cero llegó a Europa a través de los árabes, y el sistema de numeración hindú-arábigo, que incluía el cero, fue promulgado en occidente por Fibonacci, en su Liber Abaci (Libro del ábaco), publicado en 1202. Fibonacci reconoció el poder del 0. Y usó el nuevo símbolo, pero no como un número al mismo nivel que los otros. (Sobre Fibonacci, ver mi post sobre el número perfecto).

Para hacernos una idea de su utilidad, veamos el valor de la coma en una frase. Simplemente poniendo una come en un determinado texto, varía notablemente según  donde se coloque. Sin el cero no podemos representar de forma diferente el número 35 del 305.

Por otra parte,  al introducir un número extraño para las matemáticas de aquellos inicios, hacía que establecer unas reglas y protocolos. Multiplicar por cero da como resultado cero, pero ¿y dividir por cero? Se ha determinado que en este caso el valor es infinito.

Por si alguien piensa que es solo un convencionalismo, tengamos en cuenta una cosa: intentemos dividir una cifra cualquiera por otra cifra, pero cada vez más pequeña. Por ejemplo, dividir por 0,00000000000001. La cantidad resultante será enorme, por lo que cuanto más baja sea la cantidad, (más cerca de 0), más grande será y, por tanto, más se acerca al infinito. Ahora tenemos buenas calculadoras, hagamos un ejemplo, con cantidades cada vez más pequeñas en el divisor. El número es cada vez más grande, es decir el convencionalismo de que dividir por 0 es igual a infinito es totalmente exacto. Por otra parte, dividir por cero tiene poco sentido.

Tengamos en cuenta también que en las matemáticas existen los número negativos. El paso de los números positivos a los negativos se realiza a través del número 0.

5,4,3,2,1, 0,-1,-2,-3,-4,-5

Por lo tanto, en nuestro sistema decimal, el cero sirve como marcador de posición que nos permite usar tanto números enormes como cifras microscópicas. A la derecha, va multiplicando por 10 cada posición, y tras la coma decimal, va dividiendo por 10 en cada posición.

10, 100,1000, 10000… 0,1, 001, 0,0001, 0,00001…

Las matemáticas actuales no podrían funcionar sin el cero. Está presente en todos los conceptos matemáticos que hacen que nuestro sistema numérico, la geometría y el álgebra funcionen. Con el devenir de los tiempos, a lo largo de cientos de años, el cero se ha ido aceptando progresivamente, dando un una imagen, un símbolo a lo que antes era la nada. Ahora es el cero, y se puede operar con él.

El tema del número cero puede ser tan extenso y complejo como se desee. He intentado recopilarlo y resumirlo para elaborar este post. Espero que os guste.