lunes, 11 de julio de 2016

Seis grados de separación

La teoría de los Seis Grados de separación afirma que cualquier persona del mundo está conectada con cualquier otra, a través de una cadena de conocidos con seis eslabones. Es decir, tan sólo seis niveles nos separan de cualquier persona del planeta. Se le llamó seis grados.

Surgida en el siglo XX, la propuesta inicial de esta idea data de 1929 por el húngaro Frigyes Karinthy, en un relato llamado Chains.

Tras la terminación de la segunda guerra mundial, y ya en la década de los años 50, se reunieron investigadores del MIT y de IBM para tratar de demostrar esta teoría de forma matemática (dado un grupo de N personas, ¿cuál es la probabilidad de que cada miembro de N esté conectado a otro miembro a través de “n” enlaces). No se logró ningún avance significativo.

Ya en 1967, un sociólogo (Stanley Milgram) desarrolló un experimento (el fenómeno del small world, el mundo pequeño) con el fin de probar la teoría: al azar, eligió ciudadanos americanos de la región del Centro Oeste, con el fin de entregar un envío a un desconocido en Massachussets, a miles de kilómetros de distancia. La única información era simple: el nombre, la ubicación genérica (no había direcciones concretas) y la ocupación del destinatario. Con esta información, el objetivo para los que iniciaron la cadena era sencillo: entregar a quien ellos creyeran que podía estar ligado al destinatario, siempre que se cumpliera la condición de tratarse de personas que conocían directamente, y con la idea general de que el primer eslabón estaría basado en el hecho de que creyeran que el conocido pudiera estar relacionado, es decir, que tuviera probabilidades de conectar al destinatario de un modo u otro. Los receptores debían hacer lo mismo, y la cadena seguiría hasta que el destinatario fuera alcanzado.

Aunque los participantes esperaban que la cadena incluyera al menos cientos de intermediarios, la entrega de cada paquete solamente llevó, como promedio, entre cinco y siete intermediarios. Los descubrimientos de Milgram fueron publicados en “Psychology Today” e inspiraron la frase “seis grados de separación”. El dramaturgo John Guare popularizó la frase cuando la escogió como título de su obra en 1990.

Los seis grados de separación se convirtieron en una idea aceptada en la cultura popular después de que Brett C. Tjaden publicase un juego de ordenador en el sitio web de la University of Virginia basado en el problema del pequeño mundo. Tjaden usó la Internet Movie Database (IMDb) para documentar las conexiones entre diferentes actores. Programas similares se siguen usando hoy en clases de introducción de ciencias de la computación con la finalidad de ilustrar grafos y listas.

Citando a Wikipedia, “Seis grados de separación es una teoría que intenta probar que cualquier persona en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces) haciendo real ese dicho popular de que "el mundo es un pañuelo". El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera. Esta teoría es recogida también en el libro "Six Degrees: The Science of a Connected Age” del sociólogo Duncan Watts, y que asegura que es posible acceder a cualquier persona del planeta en tan sólo seis “saltos”.

El software de las redes sociales se basa de la “teoría de los Seis Grados de separación”, según la cual toda la gente del planeta está conectada con otra determinada, a través de no más de seis personas”.

“Según esta teoría, cada persona conoce de media, entre amigos, familiares y compañeros de trabajo o escuela, a unas 100 personas. Si cada uno de esos amigos o conocidos cercanos se relaciona con otras 100 personas, cualquier individuo puede pasar un recado a 10.000 personas más tan sólo pidiendo a un amigo que pase el mensaje a sus amigos. Estos 10.000 individuos serían contactos de segundo nivel, que un individuo no conoce pero que puede conocer fácilmente pidiendo a sus amigos y familiares que se los presenten, (virtualmente), y a los que se suele recurrir para ocupar un puesto de trabajo o realizar una compra. Cuando preguntamos a alguien, por ejemplo, si conoce una secretaria interesada en trabajar estamos tirando de estas redes sociales informales que hacen funcionar nuestra sociedad. Este argumento supone que los 100 amigos de cada persona no son amigos comunes. En la práctica, esto significa que el número de contactos de segundo nivel será sustancialmente menor a 10.000 debido a que es muy usual tener amigos comunes en las redes sociales”.

En 2013 el belga Michiel Das utilizó la teoría de los seis grados para encontrar trabajo en la ciudad de Barcelona. Creó tres tarjetas de visita y las dio a tres personas diferentes, que a su vez iban pasando sus tarjetas de visita hasta llegar a las manos de una persona que le quería contratar. Después de pasar por las manos de 4 contactos, consiguió entrar en SEAT gracias a la primera tarjeta de visita, lo cual le llevó a salir en varios medios de comunicación nacionales con su proyecto.

En 1993 se estrenó la película: “Seis grados de separación” (título original: Six degrees of separation). Fue una película estadounidense dirigida por Fred Schepisi. Su título hace referencia a la teoría de los seis grados de separación.

El 20 de Septiembre de 2006, la cadena ABC estrenó una serie sobre los Seis Grados, estrenándose en España el 19 de abril de 2007 en el canal AXN. La cadena de televisión Cuatro también la emitió estrenando el primer capítulo el 20 de junio de 2007 y pasando luego a emitirse los lunes.

La serie fue una de las novedades más esperadas de la temporada estadounidense, principalmente porque se trataba del último proyecto del creador de Perdidos, J.J. Abrams. No obstante, como serie no tuvo demasiado éxito.


No obstante, hoy matemáticamente se sabe que este principio se cumple, y de ahí el tremendo éxito de las Redes Sociales, y en algunas, como LinkedIn, es como un dogma.

jueves, 7 de julio de 2016

Abierto 24 horas

Reconozco que soy un apasionado de las máquinas, y no solo de los ordenadores, sino de todas aquellos dispositivos que hacen nuestra vida más fácil. Si tienes alguna máquina, lo lógico es pensar que su disponibilidad es de 24 horas al día, es decir, siempre.

Y dentro de la categoría de máquinas son precisamente las de vending, por su nombre en inglés, las que mayor ayuda nos proporcionan y nos acompañan sin darnos cuenta. El otro día estuve en un hospital, y durante el tiempo en la sala de espera pude ver como las máquinas pueden acompañarnos y ayudarnos. Tomando una buen parte de una de las paredes de la sala, había 4 máquinas que salvaban todas las dificultades de intendencia que pueden surgir en el hospital. Una de las máquinas, posiblemente la de mayor éxito en ese caluroso día, expendía solamente botellas de agua mineral. Fresquita y al momento.

Otra máquina era también de bebidas frías, pero proporcionaba cualquier tipo de refresco que se pudiese desear. La tercera máquina servía comida, en diversas formas, desde galletas hasta sándwiches con muy diferentes sabores. Una cuarta máquina dispensaba bebidas calientes, con el café como producto estrella.

Estoy hablando de la sala de espera de un hospital, pero de haber sido otro establecimiento, podríamos añadir una quinta máquina más, obviamente más “peligrosa”: la máquina de tabacos.

Estadísticamente, todos los días un tercio de los españoles se sitúa ante una máquina y pide un café, un bocadillo, una bebida fría o compra tabaco. Esto forma parte de la cotidianidad gracias a los sistemas de vending, que todos hemos usado alguna vez en la vida. Como digo, un tercio del país lo hace a diario. Da igual la hora que sea.

Los sistemas de vending son cada vez más numerosos y diversos, y en países con una gran tradición por esta automatización, como es el caso de Japón y Estados Unidos, son increíbles las cosas que pueden obtenerse mediante los mismos. En España la mayoría de la gente solo tiene contacto con estas máquinas para tomar un café, bebidas frías, bocadillos o sándwiches y, más  frecuentemente, tabaco.

Cada  vez son mayores las aplicaciones que el usuario tiene a su disposición en estos sistemas de distribución automática, siendo el caso de que en Japón, por ejemplo, es tan habitual su uso que encuentras prácticamente de todo en estas máquinas en plena calle, incluyendo los repuestos más habituales para automóviles, motos o bicicletas, desde las lámparas de recambio, a una cadena de bicicleta o unos parches, todo ello con el consiguiente alivio que produce el tener un problema solucionado de una forma rápida y, generalmente, económica.

Aunque esto es menos frecuente, en estas máquinas también se están comenzando a expender  cosas tales como cebos vivos para que los pescadores los tengan disponibles, (en concreto en San Juan y El Altet, de Alicante,) pero que existen en muchos más sitios y ayudan bastante a las personas que los necesitan en cualquier momento. También se han inaugurado máquinas que expenden unos excelentes chuletones, frescos y listos para ser preparados y comer, (abundan más en el norte de España), con garantía total de salubridad. El género se cambia cada dos días y siempre está fresco.

El punto de despegue para que se extiendan en España es que este tipo de máquinas se extiendan, porque sino, el tener que ir a buscar una máquina que esté lejos no es tampoco muy práctico. No obstante, seguiría siendo válido el hecho de que lo tengas disponible las 24 horas del días, todos los días de la semana y el año.

Conozco muy bien este tipo de máquinas, tanto en España como fuera, y he visto aplicaciones de todo tipo, algunas inimaginables antes de su lanzamiento, y otras que no escribo porque para la mentalidad occidental resultan impresentables como que en Japón existen máquinas de vending que expenden braguitas usadas de chicas adolescentes. Sí, lo has leído bien, los japoneses son muy particulares para un occidental.

Aunque las aplicaciones más comunes son las de productos de alimentación, como refrescos, café, bebidas calientes, golosinas, chicles, snacks, etc., en una máquina de vending se puede dispensar casi cualquier tipo de producto imaginable (pilas, teléfonos móviles, películas, prensa, revistas, flores, etc.).

Por ejemplo, tras las ventas de snacks, dulces y salados, y bocadillos, cierto día llegó un valiente que se atrevió a meter en las máquinas los Ready Meals, (que son alimentos listos para comer. Son alimentos refrigerados en la propia máquina, y que se cocinan en un pequeño microondas antes de servirlos.  

Y recordemos que las encontramos en lugares tales como, colegios, universidades, centros de atención sanitaria, organismos públicos, bares, cafeterías, dependencias exteriores de sistemas hoteleros, parques exteriores, zoológicos, parques temáticos, estaciones de metro, de autobuses, intercambiadores de transportes… más todas las nuevas aplicaciones que van surgiendo.


Y cuando regresé a casa, puse en marcha el navegador de mi teléfono móvil y le puse el destino: la máquina me fue guando hasta casa. ¿Hay quien dé más?