lunes, 11 de abril de 2016

A las redes les falta la cara

Hace unos años antes de ponerme a trabajar tenía que dedicarle un buen rato al mail. Mirarlo por las mañanas, establecer prioridades de respuesta y estar pendiente del resto.  

Ahora, “antes de ponerme a trabajar” he de dedicarle un buen rato al cuidado de las redes sociales. Como son varias, cada una con sus características, sus cuidados, su atención es más compleja. Al contrario que con los emails, me doy cuenta de que estoy interactuando con la gente, al menos de alguna manera, pero sigue siendo algo frío. Me falta algo.

Luego, cuando salgo a la calle veo a mis clientes o amigos, y les veo la cara, hablamos ante un café y tenemos un diálogo, caigo de repente en lo que echaba de menos esta mañana: las redes no tienen cara.

Tengo de reconocer que al no tener cara se te agudiza la mente para poder interactuar con algo que está ahí, en la nube… y no digamos nada si enciman te limitan a 140 caracteres lo que tienes que comunicar. Un excelente ejercicio mental que, además, tiene como virtud el que tu mensaje llega a muchísimos receptores, a veces sin depender del número de seguidores si lo haces bien. Es esa sorpresa que percibes cuando tienes  una respuesta o mensaje de alguien que no solo no conoces, sino que está físicamente muy lejano. (En la red, muy cercano). A veces no sirve para nada, otras para algo más, pero si a alguien le ha interesado algo que has dicho o que has publicado, y si encima lo divulga, pues es “tu minuto de gloria”.

No es que sea escéptico, pero eso no me sirve de mucho. Tal vez la suma de muchos pocos sean un mucho, como dicen los forofos de la viralidad de las redes. La viralidad existe, el objetivo perseguido tal vez no. Por más estadísticas que se han hecho, pocas relaciones directas existen entre la generación de negocio y la popularidad en las redes. De hecho, muchos de los “cotizados” en las redes sociales ya eran conocidos antes de entrar en ellas, y muchos se sienten satisfechos por seguirles y, no digamos nada, si consiguen que les sigan.

El refrán que dice “el que la sigue la consigue” puede que tenga su mayor aplicación en las redes sociales. Pero, calma, si no llegan los seguidores, calma. Si no llegan los retuits, calma, si tu artículo no es leído o recomendado, calma. La red está ahí, para que muchos se sientan acompañados y para que salgan seguimientos inesperados. La impaciencia está desaconsejada, porque puede llevar a escribir de más, con los riesgos que eso conlleva.


Estoy escribiendo un post y me doy cuenta que va a parar a “la nube”. Pero esa nube es intangible. Y mis amigos son tangibles, como también lo es un buen café. Ahí está la realidad: a las redes las falta la cara.

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