Ahora,
“antes de ponerme a trabajar” he de dedicarle un buen rato al cuidado de las
redes sociales. Como son varias, cada una con sus características, sus
cuidados, su atención es más compleja. Al contrario que con los emails, me doy
cuenta de que estoy interactuando con la gente, al menos de alguna manera, pero
sigue siendo algo frío. Me falta algo.
Luego,
cuando salgo a la calle veo a mis clientes o amigos, y les veo la cara,
hablamos ante un café y tenemos un diálogo, caigo de repente en lo que echaba
de menos esta mañana: las redes no tienen cara.
Tengo
de reconocer que al no tener cara se te agudiza la mente para poder interactuar
con algo que está ahí, en la nube… y no digamos nada si enciman te limitan a
140 caracteres lo que tienes que comunicar. Un excelente ejercicio mental que,
además, tiene como virtud el que tu mensaje llega a muchísimos receptores, a
veces sin depender del número de seguidores si lo haces bien. Es esa sorpresa que
percibes cuando tienes una
respuesta o mensaje de alguien que no solo no conoces, sino que está
físicamente muy lejano. (En la red, muy cercano). A veces no sirve para nada, otras
para algo más, pero si a alguien le ha interesado algo que has dicho o que has
publicado, y si encima lo divulga, pues es “tu minuto de gloria”.
No
es que sea escéptico, pero eso no me sirve de mucho. Tal vez la suma de muchos
pocos sean un mucho, como dicen los forofos de la viralidad de las redes. La
viralidad existe, el objetivo perseguido tal vez no. Por más estadísticas que
se han hecho, pocas relaciones directas existen entre la generación de negocio
y la popularidad en las redes. De hecho, muchos de los “cotizados” en las redes
sociales ya eran conocidos antes de entrar en ellas, y muchos se sienten
satisfechos por seguirles y, no digamos nada, si consiguen que les sigan.
El
refrán que dice “el que la sigue la consigue” puede que tenga su mayor aplicación
en las redes sociales. Pero, calma, si no llegan los seguidores, calma. Si no
llegan los retuits, calma, si tu artículo no es leído o recomendado, calma. La
red está ahí, para que muchos se sientan acompañados y para que salgan
seguimientos inesperados. La impaciencia está desaconsejada, porque puede
llevar a escribir de más, con los riesgos que eso conlleva.
Estoy
escribiendo un post y me doy cuenta que va a parar a “la nube”. Pero esa nube
es intangible. Y mis amigos son tangibles, como también lo es un buen café. Ahí
está la realidad: a las redes las falta la cara.

No hay comentarios:
Publicar un comentario