lunes, 16 de mayo de 2016

La precariedad del dato



Cuando leo o cuando oigo en las charlas y conversaciones sobre el inmenso valor de la información no puedo más que sonreír. ¿Cuánto vale la información y, sobre todo, por cuanto tiempo? Me refiero a la información en cuanto al dato, ya que el término información es muy amplio, según la RAE. Lo que realmente tiene valor es el dato. Y si consideramos su definición, en el diccionario de la RAE tenemos:

1.   Información sobre algo concreto que permite su conocimiento exacto o sirve para deducir las consecuencias derivadas de un hecho
2.     Documento, testimonio, fundamento
3.     Información dispuesta de manera adecuada para su tratamiento por una computadora

No termino de entender cuando alguien me dice: yo tengo muchísima información, tengo bases de datos inmensas en mi ordenador.

Entonces soy un aguafiestas cuando pregunto, ¿desde cuando no la tienes actualizada?. Las respuestas, siempre ya en tono menos seguro, son del tipo: depende del tema, algunas tienen una antigüedad de sólo 1 mes, otras más, otras menos.

“Sólo” 1 mes. ¿Esa es tu base de datos?. La información está obsoleta en segundos. La única información que tiene valor más duradero es la acepción número 2 del diccionario de la RAE, “documento, testimonio, fundamento. Este dato es atemporal, ya que el pasado se convierte en histórico, y tiene el valor que tiene, como fuente de referencia de conocimientos almacenados.

Pero… ¿y la información como dato? Tan pronto se conoce ya se ha quedado anticuada. Su vigencia, el tiempo durante el que sirve o está de moda, es bastante corto. Si tus datos no están totalmente actualizados al instante, tienes una base de datos, pero no tienes información actualizada.

La llegada de las Redes Sociales dan un mayor valor a estas afirmaciones mías en este blog: la información es trending topic durante un tiempo, y después ya son pasado. El propósito de este post es concienciarnos de estar seguros del valor de la información que estamos ofreciendo en el momento. Lo que crees que es una novedad comunicable es posible que ya sea anticuada, u obsoleta como está de moda decir. No obstante, todos hemos de compartir información, por lo que este hecho no debe condicionarnos, sino ser humildes para reconocer que sabemos, pero no todo, y comunicamos, pero no todo lo rápido que convendría.

El dato es efímero. Al nacer lleva su fecha de caducidad impresa. ¿Hemos de renunciar a informar lo que conocemos? No. Pero tal vez hemos de renunciar a la soberbia de muchos comunicadores cuando, orgullosos, nos están comunicando como noticia algo que ya está sobrepasado. La información es como el pescado: tan pronto se saca el agua, empieza a oler. Hay un tiempo de carencia, y ese es el punto óptimo para informar. Si ya huele, no lo comuniques como algo nuevo, que alguien te hará ver el error.

Esto no debe llevar a no comunicar lo que acabamos de saber, porque lo que para algunos es pasado, para otros puede ser novedad. Hay un tiempo de carencia entre el pescado muy fresco y el pescado pasado. Ese es el tiempo de informar.

El informar fuera de ese tiempo ya no es información, sino docencia o enseñanza, que no tiene fecha de caducidad, porque se nutre de una base de datos. 

lunes, 2 de mayo de 2016

¿Conoces el potencial de los hologramas?


Buscando la temática para mi siguiente blog he mirado inadvertidamente a la pulsera de goma con un holograma que llevo en la muñeca. Y he cambiado totalmente la orientación de mi blog, porque creo que puede ser más interesante hablar sobre los hologramas y su más reciente utilización como sistema de almacenamiento.

Entre los iniciales, todos recordamos el holograma impresionante de la princesa Leia en Star Wars, y posiblemente hayamos visto otros muchos en películas o, como en mi caso, asistí a una exposición real de hologramas en Madrid.

Sin embargo, y aunque muchas personas lo ignoran, nuestro contacto con los hologramas es bastante frecuente. Simplemente basta con abrir nuestra cartera. Veremos los hologramas en la tarjeta de crédito, y en los billetes, ya que una de las aplicaciones más habituales de los hologramas es su uso para la consolidación de la seguridad de un documento, en este caso hablamos de los billetes o las tarjetas.

Si embargo, esto es bastante simple, ya que actualmente los hologramas se utilizan para múltiples aplicaciones, entre las que se encuentra el almacenamiento de información, siendo capaces de sustituir a los DVD, que están llegando a sus límites físicos de capacidad por unidad de superficie, porque graban bits, lo que limita la velocidad de lectura.

En la grabación en hologramas, se pueden almacenar millones de bits con un mismo rayo, con lo que en el espacio de un DVD se puede almacenar hasta un Terabyte, es decir, un 1 seguido de 12 ceros, o también equivale a 1.000 Gigabytes.

Dicho de otra forma, si tenemos en cuenta que en un DVD se pueden almacenar unos 5 Gigabytes, el almacenamientos en los nuevos dispositivos holográficos representará 200 veces más en el mismo espacio, además de una velocidad de acceso muy superior. (De hecho, 100 veces más rápido).

El porqué las imágenes holográficas aparecen en forma tridimensional es debido a la forma en que se graba, mediante un haz de láser doble, de los cuales uno es el de los datos, por llamarlo así, y el otro es de referencia. La imagen se produce en la superposición de ambos, por decirlo de forma sencilla, ya que no quiero complicar la lectura de este blog.

Las aplicaciones más recientes de los hologramas se encuentran en muchas áreas de interés, como la medicina y la seguridad, ya que una de las propiedades de un polímero de los utilizados hace que sea capaz de detectar agua, incluso en muy pequeñas proporciones, ofreciendo una imagen distinta según el nivel de agua que detecte.

Por esta razón pueden usarse para detectar el nivel de agua del combustible de los aviones, ya que debe contener menos de 30 partes de agua por millón para evitar que se congele debido a las bajas temperaturas que sufren los aviones en sus alturas de crucero, con las previsibles consecuencias si ello sucede.

Por esta razón, se ha desarrollado un sensor mediante el cual si una muestra del combustible colocado sobre la superficie del holograma contiene más agua de la debida, el logo holográfico del sensor cambia y aparece un signo rojo.

En una línea aún más importante, la medicina, esta propiedad puede utilizarse para los test de glucosa en los diabéticos, o los niveles de adrenalina en los enfermos hepáticos, con las evidentes mejoras en los autodiagnósticos ambulatorios por el propio enfermo.

Y así, un sinfín de aplicaciones, ya que también pueden ser usados para detectar agentes químicos por las fuerzas de seguridad de los países, y muchas aplicaciones más que se irán desarrollando con el tiempo.

Lo más curioso es que el holograma existe desde mediados del siglo pasado, aunque los medios existentes no han hecho posible un aprovechamiento práctico y a un precio más o menos adecuado hasta el momento actual. De todas formas, los aparatos siguen siendo todavía grandes y costosos, pero se va avanzando muy rápidamente.

Los datos escritos en forma holográfica lo son de forma permanente, sin que puedan borrarse, pero ya se está avanzando también en tecnologías que permiten el borrado y re-grabado de los datos holográficos. Como todo en la vida, es cuestión de tiempo. Entre estos avances previstos estarán los hologramas en movimiento, que ya serán el no va más.

De momento, son muy evidentes, pero en un futuro lejano, cuando te dirijas a alguien, fíjate bien si le estás hablando a una persona o a un holograma tridimensional.


Será divertido.