El pasado 1 de Noviembre de 2015
escribí un post sobre los biorritmos, explicándolos y cómo calcularlos, que
parece ser que tuvo un impacto positivo en las lecturas.
Una variante de este tema,
totalmente distinta, es la de considerar los relojes biológicos del ser humano,
como es el caso de los ciclos circadianos.
Las personas regulamos las
funciones de nuestro organismo a través de estos relojes internos, y otros más concretos
y circunscritos a determinadas partes u órganos.
Los ciclos circadianos, de las
palabras latinas circa, (alrededor) y diem, por día de 24 horas, son los que
controlan las funciones biológicas que se dan en nuestro organismo durante las
24 horas del día. Tienen ritmos diurnos y nocturnos influidos, entre otras
cosas por la luz y la temperatura. La ubicación de este “reloj” se sitúa en el
hipotálamo
En concreto, hay una rama
conocida como cronobiología que estudia los ritmos diarios y su relación con
las funciones corporales.
Uno de los estímulos principales
es la luz que ayuda a sincronizar la producción de melatonina y serotonina, hormonas
que inducen el sueño y generan una sensación de tranquilidad y bienestar, y que
aumentan por la noche para preparar al individuo para dormir. Esta hormona disminuye por la
mañana que es cuando se incrementa el nivel de cortisol, que le da al cuerpo la
energía necesaria para empezar una nueva jornada.
Por la noche también se estimula
la producción de la hormona del crecimiento, la prolactina, el estradiol, la hormona
folículo estimulante (HFS), la hormona
estimulante de la tiroides (TSH), y la hormona luteinizante (LH), que tienen un
papel bastante importante en el crecimiento y reproducción.
Al llegar la mañana, la luz
percibida por el ojo envía una señal al hipotálamo provocando que la glándula
pineal disminuya la producción de melatonina y serotonina, y aumente la
producción de hormonas estimulantes como el cortisol, la adrenalina, dopamina y
noradrenalina, provocando de nuevo el estado de alerta en nuestro organismo,
aumentando la capacidad de concentración, una subida de energía física y la
mejora en la capacidad para
resolver problemas. Aumenta la presión arterial por la mañana, así como se
potencia el metabolismo, y hay un mejor control de la insulina segregada en el
páncreas.
Mediante el estudio de estos
ciclos vitales, sabemos que la mejor hora para hacer ejercicios de resistencia
y pruebas de fuerza se sitúa entre las cinco de la tarde y las ocho de la
noche. El ritmo del corazón es más alto, los músculos están extendidos y
fuertes, y los pulmones son más eficientes.
Según estos estudios se sabe que las
primeras horas del día no son buenas para aprender física, química y
matemáticas, siendo más apropiadas a partir de las diez de la mañana. Las
primeras horas de la mañana, de madrugada, son las mejores horas para todo tipo
de procesos creativos, mientras que
la mejor hora para una siesta se sitúa en torno a las tres de la tarde, según
la experiencia derivada de los análisis realizados.
Estos ciclos circadianos
determinan el porqué las personas observan que por la noche los dolores de
artritis son más fuertes y también se dan más crisis de asma, pues al disminuir
los niveles de cortisol se produce un impacto negativo para las vías
respiratorias. La relajación, al prolongarse en el tiempo, hace que baje el
umbral del dolor, por lo que éste aumenta por la noche. Además, después de la
medianoche el ritmo de la respiración baja bastante, lo que hace más lento el proceso
respiratorio de aceptar oxígeno y expulsar CO2.
Según lo estudiosos de la
cronobiología por la mañana temprano aumenta la presión arterial, la sangre se vuelve
más viscosa y los vasos sanguíneos son más rígidos, por lo que si le sumamos el
aumento creciente del estrés, es por lo que en esos momentos estamos más
vulnerables a un infarto.
Un estudio publicado en la
revista Chronobiology dice que los medicamentos para la hipertensión se deben
tomar por la noche mientras que los antibióticos se deberían ingerir idealmente por la mañana porque
el sistema inmunológico tiene su pico más alto por la tarde, complementando la
acción matutina del antibiótico. Estos estudios también han comprobado que la
hora en que se administra la quimioterapia influye para aumentar su efectividad
y reducir los efectos secundarios.
Expertos japoneses hicieron otros
estudios en los que se descubrió que la cantidad de desayuno y la hora en la que se toma influyen sobre los
niveles de azúcar durante el día por lo cual no desayunar aumenta el riesgo de
diabetes.
Comer a unas horas u otras tiene
consecuencias importantes en el organismo. Comer durante la noche genera riesgo de diabetes tipo 2 debido a que a esa hora la tolerancia a la
glucosa es más baja. Las horas recomendadas por los expertos para las comidas
se sitúan entre las seis de la mañana y las seis de la tarde.
Me gustaría haber logrado
convencer a los lectores de lo importantes que son los ciclos biológicos en las
personas, sobre todo los ciclos circadianos, y la importancia también de
conocerlos y, en la medida de lo posible, actuar de acuerdo con los
descubrimientos que se vayan haciendo sobre este tema. Por el momento todo son
descripciones de las cosas que se van descubriendo, sobre todo
experimentalmente, y personalmente no soy ningún experto en este tema, aunque sí
en los biorritmos. Merece la pena
estar al día de estos avances, pero para nada ser hipocondríaco.
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