El
tiempo es una de las pocas cosas que son irrecuperables en la vida. Si dejamos
pasar un tren, seguro que vendrá otro en su lugar y será igual o parecido. Si
perdemos un teléfono móvil podemos comprar otro, y será igual o parecido.
Si
perdemos un segundo, ese segundo no puede recuperarse jamás. Y no hay
otro igual o parecido, porque el tiempo que pasa, se pierde. Hay un reloj
con un número de horas, de minutos, de segundos, asignados a nuestra vida, y
los que perdemos no pueden recobrarse de nuevo. Es como un reloj de arena. Los
granos que caen ya han pasado. No vuelven.
Sabiendo
esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas?
Se
ha estudiado repetidamente el porqué de las pérdidas de tiempo, especialmente
en el entorno laboral, y las conclusiones más frecuentes se encuentran en que
las personas no saben exactamente porqué están trabajando, cuales son sus
verdaderas actividades, en definitiva, las personas no saben porqué les pagan
su sueldo.
Si
no tienes claras tus actividades, difícilmente puedes optimizar tu trabajo y,
sobre todo, tu tiempo. Porque una cosa es intentar optimizar tu trabajo o tu
tiempo, y otra totalmente distinta es no saber que trabajo, o tiempo optimizar.
Cuando la persona sepa realmente qué es lo que tiene que hacer, qué es aquello
por lo que le pagan, y qué prioridades tienen unas tareas sobre otras, entonces
estará en condiciones de optimizar ese trabajo y el tiempo que dedica al mismo.
Esto
puede aplicarse a la vida en todos los sentidos. Muchas personas no
tienen claro, y si no se les ayuda de alguna manera, tal vez algunas no
lo tengan nunca, de porqué están en este mundo y qué es lo que quieren, desean o
deben hacer.
Esta
es la clave de todo. Aclarar las ideas, sentarse unos minutos a
definir los objetivos de la vida, del trabajo, es la base de una futura
e inmediata mejora en las actividades personales o laborales, y en todos los órdenes
de la vida.
Buscar
los objetivos de nuestra vida, encontrar las razones por las que se está
trabajando, de forma clara y efectiva, es el primer paso para establecerse unas
metas hacia las que dirigir todos los pasos de nuestra actividad, cada día.
De
esta manera no se perderá el tiempo. No más de lo debido, ya que si nos
orientamos hacia unas metas, hacia unos objetivos, el tiempo estará mejor
aprovechado. Y lo que hagamos en nuestras horas laborales será realmente
fructífero, y notaremos de forma clara como todo mejora y se amplía el
horizonte. Aumentan las perspectivas y desaparece la monotonía y el dejar pasar
el tiempo, perder el tiempo, en definitiva.
Tomate
unos minutos y reflexiona. Si no tienes claro de porqué estás aquí párate, y antes
de seguir procura haber encontrado una razón para vivir, una razón para
trabajar y una razón para dedicarle unos horas a tu familia. Si la ves el
peligro, haz los planes necesarios para enderezar ese matrimonio, ese escaso trato
con los hijos, de forma que cuando lo consigas se convierta en lugar de un
problema, en una razón para vivir.

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