viernes, 17 de junio de 2016

Nostalgia y futuro

Sentado en el suelo y mirando hacia el cielo en la tarde del mes de Julio, cuando aún faltan unas horas para que se marche el sol. Estoy en un campamento militar haciendo la milicia universitaria, y la tarde en este apartado valle serrano se viste de nostalgia. Un suave viento mece los pequeños pinos, impregnando la cara y los labios de un polen muy fino. Antes del diario toque de silencio, suena una música sinfónica en los potentes altavoces, que aumenta aún más la nostalgia del alma, sumiéndome en el interrogante de un abismo: la soledad.

Mi vista recorre en derredor todo lo que me rodea. Tan sólo montañas…A lo lejos llega a divisarse una carretera,  y casi pareja con ella se traza una vía férrea, y a ambas las veo como una liberación. y cuando algún tren se acerca, su vibrar acompasado y lejano a veces hace también vibrar mi corazón.

El sol ha descendido un poco más…la brisa a veces se calma, pero otras rompe la quietud de los árboles y de las hierbas secas. La música sigue sonando…Pronto el sol huirá detrás de una montaña y sonará la trompeta del campamento con el toque de silencio, de oración. Todos nos pondremos firmes mientras suena y se arría la bandera en el más absoluto silencio.

Alguien gritará: ¡un día menos!. Mañana, otro igual, con espera, ansias, sol, viento y nostalgia.

Luego se marchará otro día. ¿Porqué vivir esperando que mueran los días?. Para nosotros porque estamos en la milicia universitaria, y esto es sólo un paso intermedio, un paso obligado, un trozo de vida que hay que pasar, sumido en deseos y esperanza, hasta su fin, en el que llega lo que se espera…

Esto ha sido capaz de hacerme pensar que para muchas personas toda la vida es igual que este paso obligado, sólo que no llegamos a verlo así porque estamos apegados a ella, y sólo en veces muy reflexivas y aisladas pensamos, tal vez al mirar las estrellas, que nos espera algo tras de aquello…

La libertad existe al final de aquella carretera, de aquella vía férrea que  nos conducirá a algún lugar, cada uno al suyo, cuando termine el verano y el campamento militar.

Los chicos de ahora no saben lo que es el servicio militar, (ni falta que hace, dirán algunos), con su falta de libertad durante el periodo que se vive. No obstante, yo tango buenos recuerdos de aquellos campamentos, de la evolución desde cadete a alférez, al menos los que fuimos capaces de conseguir la estrella. Vista la falta de control de muchos jóvenes de hoy, y vistos los valores que el servicio militar intenta inculcar en los jóvenes, tal vez había que hacer como en Suiza, donde el servicio militar dura toda la vida, (que nadie se asuste, son sólo unos días al año), y las personas adquieren una sensación de disciplina y patriotismo que se echa mucho en falta en los tiempos actuales, al menos en España, donde ambas virtudes son nulas.

Por eso yo espero que todos, cuando llegue el final de cada día, no digamos como en la mili: ¡un día menos!, sino que sepamos apreciar que ha sido un día más, y ojala que sea un día más en el sentido de lo fructífero.

Y no hay nada más fructífero que saber que has concluido otro día de tu vida haciendo algo por los demás. Importante o no, es lo de menos. Lo que para ti no es mucho para otros puede ser todo un mundo. Haz algo por los demás, y tu vida será de sumar días, días fructíferos y felices en lugar de restar días, días hasta el final.

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