Sentado en el suelo y
mirando hacia el cielo en la tarde del mes de Julio, cuando aún faltan unas
horas para que se marche el sol. Estoy en un campamento militar haciendo la
milicia universitaria, y la tarde en este apartado valle serrano se viste de
nostalgia. Un suave viento mece los pequeños pinos, impregnando la cara y los
labios de un polen muy fino. Antes del diario toque de silencio, suena una
música sinfónica en los potentes altavoces, que aumenta aún más la nostalgia
del alma, sumiéndome en el interrogante de un abismo: la soledad.
Mi vista recorre en
derredor todo lo que me rodea. Tan sólo montañas…A lo lejos llega a divisarse
una carretera, y casi pareja con
ella se traza una vía férrea, y a ambas las veo como una liberación. y cuando
algún tren se acerca, su vibrar acompasado y lejano a veces hace también vibrar
mi corazón.
El sol ha descendido un
poco más…la brisa a veces se calma, pero otras rompe la quietud de los árboles y
de las hierbas secas. La música sigue sonando…Pronto el sol huirá detrás de una
montaña y sonará la trompeta del campamento con el toque de silencio, de
oración. Todos nos pondremos firmes mientras suena y se arría la bandera en el
más absoluto silencio.
Alguien gritará: ¡un día
menos!. Mañana, otro igual, con espera, ansias, sol, viento y nostalgia.
Luego se marchará otro
día. ¿Porqué vivir esperando que mueran los días?. Para nosotros porque estamos
en la milicia universitaria, y esto es sólo un paso intermedio, un paso
obligado, un trozo de vida que hay que pasar, sumido en deseos y esperanza,
hasta su fin, en el que llega lo que se espera…
Esto ha sido capaz de
hacerme pensar que para muchas personas toda la vida es igual que este paso
obligado, sólo que no llegamos a verlo así porque estamos apegados a ella, y
sólo en veces muy reflexivas y aisladas pensamos, tal vez al mirar las
estrellas, que nos espera algo tras de aquello…
La libertad existe al
final de aquella carretera, de aquella vía férrea que nos conducirá a algún lugar, cada uno al suyo, cuando
termine el verano y el campamento militar.
Los chicos de ahora no
saben lo que es el servicio militar, (ni falta que hace, dirán algunos), con su
falta de libertad durante el periodo que se vive. No obstante, yo tango buenos
recuerdos de aquellos campamentos, de la evolución desde cadete a alférez, al
menos los que fuimos capaces de conseguir la estrella. Vista la falta de
control de muchos jóvenes de hoy, y vistos los valores que el servicio militar
intenta inculcar en los jóvenes, tal vez había que hacer como en Suiza, donde el
servicio militar dura toda la vida, (que nadie se asuste, son sólo unos días al
año), y las personas adquieren una sensación de disciplina y patriotismo que se
echa mucho en falta en los tiempos actuales, al menos en España, donde ambas
virtudes son nulas.
Por eso yo espero que
todos, cuando llegue el final de cada día, no digamos como en la mili: ¡un día
menos!, sino que sepamos apreciar que ha sido un día más, y ojala que sea un
día más en el sentido de lo fructífero.
Y no hay nada más
fructífero que saber que has concluido otro día de tu vida haciendo algo por
los demás. Importante o no, es lo de menos. Lo que para ti no es mucho para
otros puede ser todo un mundo. Haz algo por los demás, y tu vida será de sumar
días, días fructíferos y felices en lugar de restar días, días hasta el final.

No hay comentarios:
Publicar un comentario