El actual calendario gregoriano
es actualmente utilizado de manera oficial en casi todo el mundo, y vino a
sustituir en 1582 al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo
instaurara en el año 46 antes de Cristo. El nombre de gregoriano proviene de
que su promotor fue el papa Gregorio XIII.
La base del cambio provino de un
estudio realizado por científicos de la Universidad de Salamanca en 1578 que se
envió a la Iglesia, donde se encontró que un año en la Tierra tarda, además de
los 365 días, otras 5 horas, 48 minutos y 48 segundos más en dar la vuelta al
sol, lo que supone que cada 4 años se acumulaba un atraso de casi un día. En
consecuencia, y con muy buen criterio, Julio César mandó añadir un día al año
cada cuatro años, naciendo así el año bisiesto. Lo de bisiesto viene de
"sexto de las calendas", que como era dos veces sexto se le llamó
bisiesto.
De esta forma, la compensación
del error es bastante buena. Sin embargo, hasta Julio César no se había
aplicado el año bisiesto y, desde Julio César en adelante, el criterio de los
años bisiestos era el inicialmente mencionado.
Si hubieran sido seis horas
justas lo que excedía, el cálculo hubiera sido perfecto, pero al sobrar 11
minutos cada año, que son casi un día cada 100 años con el anterior esquema del
año bisiesto, hubo de hacerse una compensación adicional, bastante aproximada y
muy inteligente, que consistió en que cada cuatro años uno de ellos no se hacía
bisiesto, y como criterio se tomó el siguiente: cada años de centena, los
divisibles por 4 en sus 2 primeras cifras de la centena, son bisiestos, pero no
los otros tres, de forma que, por ejemplo, en 1600 fue bisiesto, pero no lo
fueron ni 1700, ni 1800, ni 1900, y si que lo fue el 2000.
La reforma gregoriana nace de la
necesidad de llevar a la práctica uno de los acuerdos del Concilio de Trento:
ajustar el calendario para eliminar el desfase producido desde el primer
Concilio de Nicea, celebrado en 325,3 en el que se había fijado el momento
astral en que debía celebrarse la Pascua y, en relación con esta, las demás
fiestas religiosas móviles. Lo que importaba, pues, era la regularidad del
calendario litúrgico, para lo cual era preciso introducir determinadas
correcciones en el civil. En el fondo, se trataba de adecuar el calendario
civil al año trópico.
En el Concilio de Nicea se
determinó que la Pascua debía conmemorarse el domingo siguiente al plenilunio
posterior al equinoccio de primavera en el hemisferio norte (equinoccio de
otoño en el hemisferio sur). Aquel año 325 el equinoccio había ocurrido el día
21 de marzo, pero con el paso del tiempo la fecha del acontecimiento se había
ido adelantando hasta el punto de que en 1582, el desfase era ya de 10 días, y
el equinoccio se fechó el 11 de marzo, a todas luces inexacto.
El desfase provenía de un
inexacto cómputo del número de días con que cuenta el año. Según el calendario juliano que
instituyó un año bisiesto cada cuatro, consideraba que el año trópico estaba
constituido por 365,25 días, mientras que la cifra correcta es de 365,242189, o
lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,13 segundos. Esos minutos de más contados
adicionalmente cada año habían supuesto un error acumulado de aproximadamente
10 días en los 1257 años que mediaban entre el año 325, (Concilio de Nicea) y
1582, tras el Concilio de Trento. Teniendo
en cuenta esos 1.255 años que habían pasado desde el año 325, (calendario
juliano), hasta 1582, (calendario gregoriano), había que restar 10 días a la
fecha actual, para lo cual se hizo lo siguiente: quitar los diez días en
Octubre de ese año, por lo que desde el 4 de Octubre se pasó al 15 de Octubre.
El año 1582 tuvo diez días menos.
El calendario gregoriano
ajustó este desfase cambiando la regla general del bisiesto cada cuatro años, y
hace que se exceptúen los años múltiplos de 100, excepción que a su vez tenía
otra excepción, la de los años múltiplos de 400, que sí eran bisiestos. La
nueva norma de los años bisiestos se formuló del siguiente modo: la duración
básica del año es de 365 días; y serán bisiestos (es decir tendrán 366 días)
aquellos años cuyas dos últimas cifras son divisibles por 4, exceptuando los
múltiplos de 100 (1700, 1800, 1900..., que no serán bisiestos), de los que se
exceptúan a su vez aquellos que también sean divisibles por 400 (1600, 2000,
2400..., que sí serán bisiestos). El calendario gregoriano es mucho más
exacto, ajustando a 365,2425 días la duración del año.
Todavía hay algunas diferencias,
ya poco significativas, que obligaría a hacer un ajunte dentro de unos miles de
años, por lo que nuestro actual calendario gregoriano es universalmente
aceptado.
Este post es una ampliación, con mayor
detalle, de mi post “El año bisiesto” de fecha 10 de Agosto de 2015.
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