Cuando leo o cuando oigo en las charlas y conversaciones sobre el inmenso valor de la información no puedo más que sonreír. ¿Cuánto vale la información y, sobre todo, por cuanto tiempo? Me refiero a la información en cuanto al dato, ya que el término información es muy amplio, según la RAE. Lo que realmente tiene valor es el dato. Y si consideramos su definición, en el diccionario de la RAE tenemos:
1. Información
sobre algo concreto que permite su conocimiento exacto o sirve para deducir las
consecuencias derivadas de un hecho
2. Documento,
testimonio, fundamento
3. Información
dispuesta de manera adecuada para su tratamiento por una computadora
No termino de entender cuando
alguien me dice: yo tengo muchísima información, tengo bases de datos inmensas
en mi ordenador.
Entonces soy un aguafiestas
cuando pregunto, ¿desde cuando no la tienes actualizada?. Las respuestas,
siempre ya en tono menos seguro, son del tipo: depende del tema, algunas tienen
una antigüedad de sólo 1 mes, otras más, otras menos.
“Sólo” 1 mes. ¿Esa es tu base de
datos?. La información está obsoleta en segundos. La única información que
tiene valor más duradero es la acepción número 2 del diccionario de la RAE,
“documento, testimonio, fundamento. Este dato es atemporal, ya que el pasado se
convierte en histórico, y tiene el valor que tiene, como fuente de referencia
de conocimientos almacenados.
Pero… ¿y la información como
dato? Tan pronto se conoce ya se ha quedado anticuada. Su vigencia, el tiempo
durante el que sirve o está de moda, es bastante corto. Si tus datos no están
totalmente actualizados al instante, tienes una base de datos, pero no tienes
información actualizada.
La llegada de las Redes Sociales
dan un mayor valor a estas afirmaciones mías en este blog: la información es
trending topic durante un tiempo, y después ya son pasado. El propósito de este
post es concienciarnos de estar seguros del valor de la información que estamos
ofreciendo en el momento. Lo que crees que es una novedad comunicable es
posible que ya sea anticuada, u obsoleta como está de moda decir. No obstante,
todos hemos de compartir información, por lo que este hecho no debe
condicionarnos, sino ser humildes para reconocer que sabemos, pero no todo, y comunicamos,
pero no todo lo rápido que convendría.
El dato es efímero. Al nacer
lleva su fecha de caducidad impresa. ¿Hemos de renunciar a informar lo que
conocemos? No. Pero tal vez hemos de renunciar a la soberbia de muchos
comunicadores cuando, orgullosos, nos están comunicando como noticia algo que
ya está sobrepasado. La información es como el pescado: tan pronto se saca el
agua, empieza a oler. Hay un tiempo de carencia, y ese es el punto óptimo para
informar. Si ya huele, no lo comuniques como algo nuevo, que alguien te hará
ver el error.
Esto no debe llevar a no
comunicar lo que acabamos de saber, porque lo que para algunos es pasado, para
otros puede ser novedad. Hay un tiempo de carencia entre el pescado muy fresco
y el pescado pasado. Ese es el tiempo de informar.
El informar fuera de ese tiempo
ya no es información, sino docencia o enseñanza, que no tiene fecha de caducidad, porque se nutre de una base de datos.
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