Hace algún tiempo que no escribo
en este blog. Nunca hay razones para justificar esto, pero si quisiera buscar
alguna la encuentro en que no termino de encontrar cual es la temática que
prefieren los lectores de ese blog.
Yo escribo siempre con el
propósito de aportar algo a alguien, y de ahí surge el que tenga otro blog
sobre marketing, por cierto con un seguimiento adecuado, también el que haya
escrito cuatro libros, tres en formato papel y uno en formato digital, y el que
haya sido profesor de universidad durante 20 años, además de mi trabajo
habitual. Llamémosle vocación docente, o tal vez una manía mía.
Tras haber tratado diversos
temas, desde divulgación general hasta algunas de mis pasiones, como la
pintura, he comprobado que el mayor seguimiento hasta ahora lo han tenido los
posts relativos a las curiosidades sobre los números. (Número de oro, el número
perfecto, el número Pi, y algunas curiosidades como la de los seis grados de
separación).
Así que hoy me pongo frente a la
pantalla del ordenador para hablar sobre el número cero.
Si en principio parece un
absurdo, (no tiene valor numérico, las operaciones con cero son extrañas,
incluyendo una división por cero que introduce el concepto de infinito; lo
cierto es que actualmente no existirían matemáticas sin el número cero.
Aunque parezca mentira, las
grandes civilizaciones, griega y romana, no concebían el concepto del número
cero. Posiblemente el número cero se consideró inicialmente en la civilización
Maya, utilizándolo para representar a un numeral ausente.
Pero es la civilización india la
que lo definió como el resultado de sustraer cualquier número de sí mismo. De
alguna manera podemos decir que el cero nació en la India. La palabra “cero”
proviene de la traducción de su nombre en sánscrito, “shunya” que significa
vacío.
Parece ser que fue Brahmagupta
quien trató el cero como un “número”, no como un simple marcador de posición, y
mostró unas reglas para operar con él.
Finalmente, el cero llegó a
Europa a través de los árabes, y el sistema de numeración hindú-arábigo, que
incluía el cero, fue promulgado en occidente por Fibonacci, en su Liber Abaci
(Libro del ábaco), publicado en 1202. Fibonacci reconoció el poder del 0. Y usó
el nuevo símbolo, pero no como un número al mismo nivel que los otros. (Sobre
Fibonacci, ver mi post sobre el número perfecto).
Para hacernos una idea de su
utilidad, veamos el valor de la coma en una frase. Simplemente poniendo una
come en un determinado texto, varía notablemente según donde se coloque. Sin el cero no
podemos representar de forma diferente el número 35 del 305.
Por otra parte, al introducir un número extraño para
las matemáticas de aquellos inicios, hacía que establecer unas reglas y
protocolos. Multiplicar por cero da como resultado cero, pero ¿y dividir por
cero? Se ha determinado que en este caso el valor es infinito.
Por si alguien piensa que es solo
un convencionalismo, tengamos en cuenta una cosa: intentemos dividir una cifra
cualquiera por otra cifra, pero cada vez más pequeña. Por ejemplo, dividir por
0,00000000000001. La cantidad resultante será enorme, por lo que cuanto más
baja sea la cantidad, (más cerca de 0), más grande será y, por tanto, más se
acerca al infinito. Ahora tenemos buenas calculadoras, hagamos un ejemplo, con
cantidades cada vez más pequeñas en el divisor. El número es cada vez más
grande, es decir el convencionalismo de que dividir por 0 es igual a infinito
es totalmente exacto. Por otra parte, dividir por cero tiene poco sentido.
Tengamos en cuenta también que en
las matemáticas existen los número negativos. El paso de los números positivos
a los negativos se realiza a través del número 0.
5,4,3,2,1, 0,-1,-2,-3,-4,-5
Por lo tanto, en nuestro sistema decimal,
el cero sirve como marcador de posición que nos permite usar tanto números enormes
como cifras microscópicas. A la derecha, va multiplicando por 10 cada posición,
y tras la coma decimal, va dividiendo por 10 en cada posición.
10, 100,1000, 10000… 0,1, 001,
0,0001, 0,00001…
Las matemáticas actuales no
podrían funcionar sin el cero. Está presente en todos los conceptos matemáticos
que hacen que nuestro sistema numérico, la geometría y el álgebra funcionen. Con
el devenir de los tiempos, a lo largo de cientos de años, el cero se ha ido
aceptando progresivamente, dando un una imagen, un símbolo a lo que antes era
la nada. Ahora es el cero, y se puede operar con él.

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