lunes, 18 de septiembre de 2017

La Torre de Babel


No aprendemos nunca, ni siquiera con el paso de los siglos. Según la tradición, la Torre de Babel fue el origen de la dispersión de las lenguas, como un castigo divino para los hombres por intentar alcanzar el cielo desde una torre construida en la tierra. Vano intento.

Parece ser que esto se nos ha grabado en los genes, y las personas actualmente, en lugar de unir, tendemos a la dispersión. Si en aquella época era la diversidad de lenguajes, actualmente, cundo se supone que utilizamos la tecnología para una mayor facilidad en el desarrollo de nuestras actividades, como realmente así debería ser, no dejamos de complicarlo en aras de las economías propias e intereses particulares.

Ya nacieron los ordenadores con este síndrome, y luego la tecnología, en general, ha evolucionado, más que unida, siguiendo caminos paralelos o divergentes, obligando a las empresas no líderes a elegir entre un sistema u otro de los lideres dicotómicos.

A causa de esto es preciso recordar algunas aberraciones, cómo lo fue el que por causa de los intereses económicos se logró hacer prevalecer el sistema de video VHS sobre uno mucho más avanzado tecnológicamente como era el Beta, simplemente porque unos hábiles movimientos económicos lograron una mayor divulgación del VHS entre más cantidad de marcas seguidoras.

Posteriormente, nos volvimos a encontrar con un dilema parecido cuando se creó el Blu Ray y el HD DVD. Esta vez sí que ganó Sony, la derrotada en la anterior guerra de las cintas. No tenemos arreglo. La herencia de la torre de Babel es persistente.

Sin embargo, este artículo viene a cuento sobre los sistemas operativos para la telefonía móvil. Algo tan ampliamente difundido y utilizado como los teléfonos y dispositivos móviles no necesitaban más complicaciones, ¿o sí?.

Lo cierto es que tras los clásicos Windows Mobile, OS (Palm y Blackberry) y Symbian, aparecen el iOS del iPhone y el Android, . Con este último, y de nuevo como en el caso de VHS/Beta, el Android que es ampliamente multimarca, se impone por goleada al solitario iOS de Apple. También podemos hablar de Windows Phone, MeeGo o Bada. Un nuevo gigante, como es el chino Huawei desarrolló su propio Sistema Operativo, pero lo ha integrado en Android.

¿Era necesario todo este barullo?. Hay quien dice que sí, pues con tanta competencia, el usuario va saliendo, paso a paso, beneficiado. Esto es cierto, pero ¿la diferenciación debe estar en los sistemas operativos?. Yo creo que no. Pero así ha sido.

Los avances, tanto para teléfonos móviles como para nano-computers o tablets PC han ido surgiendo de añadir mejoras de utilización para el usuario, como las pantallas táctiles, particularidades propias de cada marca en manejo de aplicaciones y la adición de funcionalidades prácticas (navegadores incluidos en el terminal), y muchas otras aplicaciones.

¿Porqué no hacer todo esto bajo un mismo sistema estandarizado?. Porque eso sería mucho pedir a esta humanidad, que actualmente tiene la herencia bíblica de la torre de Babel solamente por razones económicas.

EL pensamiento base inicial de los desarrolladores es algo así como: si yo creo mi propio sistema operativo, desarrollo bajo el mismo nuevas y potentes aplicaciones… todos tendrán que seguirme, y ganaré mucho dinero.

Tremendo error, desde el punto de vista de la normalización y estandarización tecnológica.

Desde el punto de vista de usuario… todo es indiferencia y todo son ventajas, porque lo que el usuario percibe es que cada vez puede tener una mejor tecnología por cada vez menos dinero.

Y como la fidelidad del usuario, no lo olvidemos, es efímera, (al antiguo fan salvaje de Blackberry es ahora fan más o menos salvaje de iPhone, por ejemplo), pues eso… a río revuelto, ganancia de pescadores.

Y, siempre, la eterna y maldita, torre de Babel. 

(Si alguien encuentra alguna relación de este post tecnológico con la actual, estéril, ilógica, anti-histórica y extemporánea idea de secesión catalana, tal vez no sea mera coincidencia).

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