Cuando comencé a escribir este
blog, dentro de la categoría de “Temas de Hoy”, para diferenciarlo de mi otro
blog estrella, dedicado al marketing, este post dedicado a Venus pasó bastante
desapercibido, lo cual era de esperar en ese tiempo.
He decidido llamarlo búscame
porque son muchas las personas, creo yo al menos, que cuando son novios y miran
al cielo al atardecer ven una “estrella” muy brillante, que se convierte en un
símbolo para ellos en la ausencia del otro.
Me estoy refiriendo a algo tan
concreto y fácil de identificar en el cielo como es el planeta Venus. Porque
como tal vez la mayoría de las personas sepa, el elemento más brillante en el
cielo, (tras el sol y la luna llena), no es una estrella, sino un planeta, es Venus.
A los efectos de este post, poco
nos importa si es estrella, satélite o lo que realmente es, un planeta. Lo
cierto es que, durante siglos, los pasados y los que vendrán, las personas han
utilizado a Venus como un punto de referencia concreto, para recordarse cuando
están separados.
Más en concreto, es muy frecuente
que los novios, los enamorados de cualquier tiempo, utilicen a Venus como
referencia. Es obvio que cuando están juntos contemplen a Venus, e incluso le
digan aquello de “nuestra estrella”. (Posiblemente sea la estrella de millares
de otras parejas que lo han elegido también). Sin embargo, me atrevo a decir
que la mayoría de los enamorados han dicho eso de: “si algún día estamos en
distintos lugares, miraremos al cielo, al cielo del atardecer y mirando a Venus
sabremos que seguimos unidos”, por ese punto de encuentro, donde convergen las
miradas de ambos.
Para ver a Venus hemos de mirar
hacia el Oeste, al atardecer, siendo el elemento más brillante que existe en el
cielo a esas horas. Para los más madrugadores, recordar que también es el
elemento más brillante en los momentos cercanos al amanecer. No en vano, a
Venus se le denomina como el lucero del Alba, o la estrella del atardecer.
Mirar hacia el cielo, en
cualquier noche, situándonos en una zona oscura y libre de luces o reflejos, nos
impresiona siempre, y nos da una hermosa sensación de grandeza e inmensidad. Venus
es un caso aparte, pues puedes verla incluso en entornos iluminados.
Por eso resulta más interesante,
cuando en los paseos vespertinos de las personas, sean enamorados o simplemente
amigos, se habla de que “en Venus tendremos para siempre nuestro punto de
encuentro estemos donde estemos”, con lo que estaremos creando un vínculo
duradero de continuidad. Siempre pensaremos, mirando a Venus si, tal vez, simultáneamente el otro lo estará
mirando también.
Lo más curioso es que puede darse
la circunstancia de que aquel amor ya haya muerto, no en vano es muy escaso el
porcentaje de personas que se enamora solamente una vez, pero es posible que,
en algunos casos, una mirada nostálgica a Venus, nos devuelva por unos
instantes al pasado. A un pasado que ya ha desaparecido, que tal vez, lo más
probable, ya no signifique nada, pero si Venus es capaz de obrar el milagro de
reunir a dos corazones en el recuerdo, habrá valido la pena, incluso aunque
aquel amor ya se haya llegado a convertir incluso en odio.
Lo bueno de Venus es que es de
todos y no es de nadie. Y cuando ya los años han pasado muchas veces por
nuestra vida, nos podemos acordar de la ingenuidad de los deseos y propósitos
de nuestros años jóvenes.
Sin embargo, ante un nuevo amor
no hay edades. Cuando alguien se enamora de nuevo, aunque sea por enésima vez,
es posible que vuelva a contar con Venus como punto de apoyo para cuando alguno
esté de viaje: mirando a Venus en el cielo de cualquier lugar podrá pensar
siempre que el otro estará mirándolo al mismo tiempo, por lo que también en
este caso, será su punto de encuentro.

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