Hay una diferencia entre
procrastinar y perder el tiempo, pero generalmente lo uno lleva a lo otro.
Antes de entrar en el análisis de la procrastinación, tengamos en cuenta que si
perdemos un segundo, ese segundo no puede recuperarse jamás. Y no hay otro
igual o parecido, porque el tiempo que pasa se pierde. Hay un reloj con un
número de horas, de minutos, de segundos, asignados a nuestra vida, y los que
perdemos no pueden recobrarse de nuevo.
La procrastinación es el hábito
de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por
otras actividades, tal vez porque nos resulten más agradables.
Este comportamiento tiene su raíz
en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la
incomodidad (estrés). Éste puede ser psicológico (en la forma de ansiedad o
frustración), físico (como el que se experimenta durante actividades que
requieren trabajo fuerte) o intelectual. El término se aplica comúnmente al
sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente sin tener una fuerza de
voluntad para concluirla.
¿Porqué se pospone la actividad?
Posiblemente porque puede ser percibida como demasiado abrumadora, desafiante,
inquietante, peligrosa, difícil, tediosa o aburrida, es decir, algo que nos
genera estrés, lo cual justifica posponerlo a un futuro indeterminado.
Ya en el llamado "síndrome
del estudiante" (el hecho de que muchos estudiantes pospongan la entrega
de sus trabajos hasta el último minuto de la fecha límite o el ponerse a
estudiar hasta el día antes del examen) se presenta la procrastinación. También
está presente en el entorno laboral, como cuando se acerca la fecha límite para
pagar los impuestos (para presentar las declaraciones), las oficinas donde se
llevan a cabo esos trámites (los bancos, por ejemplo, se saturan de personas
que asisten a realizar ese trámite el último momento).
Esto puede aplicarse en todos los
órdenes de la vida, sea en el entorno laboral o particular o personal. Muchas
personas no tienen claro porqué están en este mundo, y si no
se les ayuda de alguna manera, tal vez algunas no lo tengan nunca, y qué es lo
que quieren, desean o deben hacer.
En el entorno laboral, se ha
estudiado repetidamente el porqué de las pérdidas de tiempo, y las conclusiones
más frecuentes se encuentran en que las personas no saben exactamente porqué
están trabajando, cuales son sus verdaderas actividades, en definitiva, las
personas no saben porqué les pagan su sueldo.
Si no tienes claras tus
actividades, difícilmente puedes optimizar tu trabajo y, sobre todo, tu tiempo.
Porque una cosa es intentar optimizar tu trabajo o tu tiempo, y otra totalmente
distinta es no saber que trabajo, o tiempo optimizar. Cuando la persona sepa
realmente qué es lo que tiene que hacer, qué es aquello por lo que le pagan, y
qué prioridades tienen unas tareas sobre otras, entonces estará en condiciones
de optimizar ese trabajo y el tiempo que dedica al mismo.
Esta es la clave de todo. Aclarar
las ideas, sentarse unos minutos a definir los objetivos de la vida,
del trabajo, es la base de una futura e inmediata mejora en las actividades
personales o laborales, y en todos los órdenes de la vida.
Buscar los objetivos de nuestra
vida, encontrar las razones por las que se está trabajando, de forma clara y
efectiva, es el primer paso para establecerse unas metas hacia las que dirigir
todos los pasos de nuestra actividad, cada día.
De esta manera no se perderá el
tiempo más de lo debido, ya que si nos orientamos hacia unas metas, hacia unos
objetivos, el tiempo estará mejor aprovechado. Y lo que hagamos en nuestras
horas laborales será realmente fructífero, y notaremos de forma clara como todo
mejora y se amplía el horizonte. Aumentan las perspectivas y desaparece la
monotonía y el dejar pasar el tiempo, perder el tiempo, en definitiva.
Tómate unos minutos y reflexiona.
Si no tienes claro de porqué estás aquí, párate, y antes de seguir procura
haber encontrado una razón para vivir, una razón para trabajar y una razón para
dedicarle unos horas a tu familia.
Algunos
consejos
Getting Things Done es un método
de productividad desarrollado por David Allen que ha sido aceptado mundialmente
como una de las metodologías más eficientes de organización personal.
El método GTD se basa en el
principio de que una persona necesita liberar su mente de las tareas pendientes
guardándolas en un lugar específico, de forma que no sea necesario recordar lo
que hay que hacer y se puede concentrar en realizar las tareas.
El flujo de trabajo que se usa en
GTD consta de las acciones siguientes:
•
Recopilar o capturar: conseguir que todas las
ideas, tareas y pensamientos estén en tu sistema, en tus bandejas de entrada, y
no en tu cabeza
•
Procesar: todo lo recopilado tiene que
procesarse. En el sistema GTD procesar significa convertir las cosas en
acciones
•
Organizar: En GTD organizar significa que todo
lo procesado hay que distribuirlo según su objetivo: tareas, y con sus
prioridades, o bien algo no necesario, en ese caso derivarlo a la papelera, y
si es material de referencia archivarlo
•
Evaluar: es decir, decidir qué hacer, tanto
después de procesar y organizar, así como realizar revisiones de forma
periódica
•
Hacer: el objetivo de todo el proceso de control
es acabar realizando eficientemente todos los compromisos que hemos adquirido,
tanto si son acciones siguientes como si son compromisos en nuestra agenda
Como prácticas que te recomiendo para
evitar o disminuir la procrastinación, podemos considerar algunos puntos de
acción, tales como:
1.
Utiliza la regla de los diez minutos. Que tiene
su origen en el GTD y nos dice que si estás planificando una acción que se
puede hacer en menos de diez minutos, no la planifiques; hazla YA.
Haciendo de esta regla un hábito, habrá muchas tareas que no habrá que posponer
2.
Regla del primer paso. Da un primer paso. Ante
una tarea que odies, plantéate trabajar solo 10 minutos en ella y dejarla.
Cuando empiezas a trabajar el temor se desvanece y se coge cierta inercia para
continuar y, a veces, llegar hasta terminar el trabajo. Al dar el primer paso se
ven de otra manera cosas que antes parecían imposibles
3.
Aprendamos a decir NO. Muchas de las tareas que se
posponen parten de compromisos que te has buscado tú mismo por no saber decir
que no
4.
Créate rutinas cuando proceda. Las rutinas son
hábitos o costumbres que se hacen de forma casi inconsciente y simplifican la
vida. Si eres capaz de convertir la tareas repetitivas y aburridas en rutinas, con
el tiempo las harás sin apenas esfuerzo
5.
Divide el trabajo en tareas pequeñas y
concretas. Un proyecto grande y complejo puede resultar abrumador, pero al
dividirlo en pequeñas tareas disminuye la resistencia a enfrentarse al mismo
6.
Evita las distracciones. Cuantas más tentaciones
tengas para hacer otra cosa en vez de lo que tienes que hacer, más fácil será
procrastinar. Aíslate lo mejor posible para concentrarte en la tarea
7.
Algunos expertos sugieren crearte una
recompensa para cuando termines esa tarea que se resiste. Puede ser un
elemento motivador el pensar en lo que harás después de terminar esa tarea. Eso
sí, que sea algo que realmente te apetezca, te relaje y no te suponga ningún
esfuerzo.
Con los datos de este post como
base, puedes encontrar tú mismo lo que puede hacerte trabajar mejor y no
procrastinar. Y lo mismo en lo que se refiere a tu vida personal. Busca los
puntos débiles que te incitan a procrastinar, échale un vistazo de nuevo a este post y encuentra tu camino
para NO
procrastinar. Recuerda que cada vez que terminas una tarea, o logras una meta de cualquier tipo en la vida,
aumenta tu nivel de felicidad por lo logrado.
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