lunes, 21 de septiembre de 2015

Las ovejas y el emprendedor






Esta mañana he salido algo tarde, y el rebaño de ovejas se veía más adelante, en el camino de circunvalación del pueblo. Me gusta ver pasar las ovejas, desde el campo donde pastan, junto a casa, hacia su redil, como todas las mañanas, y charlar unos minutos con el pastor, y acariciar brevemente al perro que las guía. Este perro se ha hecho amigo de mi perrita, y se olfatean unos segundos. Luego cada uno va a lo suyo. 

Como uno no puede evitar liberarse del todo de la profesión a la que se dedica, mentalmente comparé el rebaño de ovejas con una empresa, especialmente, si es de un emprendedor. 

Se lo comentaba a un amigo, y lo primero que me dijo fue: “parece que tienes una pobre imagen de una empresa. Para mí un rebaño de ovejas se produce una sensación de servilismo, de seguimiento, y esa no es mi imagen de una empresa, y menos aún si estamos hablando de un emprendedor”. 

Recordando la veces que he utilizado esta imagen comparativa en mis charlas y clases, me apresuré a explicarle porqué he asociado esta mañana al rebaño de ovejas con una empresa. 

Como hoy no he llegado a tiempo de verlas salir, y hablar con el pastor, al ver la silueta de todo el rebaño, ocupando todo el camino, pero viéndolas todas en varias filas andando en una misma dirección, y con el perro cerrando los flancos del rebaño, y el pastor delante, y confiado, ya que no se vuelve ni una sola vez a mirar hacia atrás, la imagen comparativa ni puede ser más real. Si viene algún tractor que necesita pasar por el mismo camino, un par de silbidos del pastos a su perro, y éste las reagrupa en una fila estrecha, para que el camino que de expedito. Tan pronto como el tractor ha terminado de pasar, el perro hace algo a su alrededor que hace que todas las ovejas se expandan de nuevo ocupando todo el camino. 

No parece muy necesario hacer las equiparaciones, pero como es mi blog y no conozco a todos los que me leen, creo oportuno describir algo que todos estaréis pensando, por su lógica evidente.

Las ovejas constituyen el cuerpo productivo de la empresa: aportan su trabajo, que en este caso son los productos: lana leche y queso, básicamente. 

El perro, o los perros, conducen a la fuerza laboral o cuerpo productivo, de la forma más conveniente para que las ovejas lleven el camino correcto y realicen sus funciones de toma de aire y sol, alimentarse, caminar para una mejor salud y para cumplir sus objetivos. 

El pastor, llegados a este punto, delega con bastante tranquilidad las funciones de guía en su(s) perro(s). 

Sin embargo, la labor del líder principal en el grupo, el gerente, o el pastor en este caso, es imprescindible y fundamental. Los líderes de grupo, perros, simplemente hacen lo que el gerente, pastor, le ha enseñado a hacer. El propietario ha comprado y criado las ovejas, y luego pone los medios para que crezcan adecuadamente y produzcan los beneficios esperados. 

Luego… todo debería rodar sólo. No obstante, el gerente sigue siendo necesario. Los líderes secundarios hacen que la maquinaria ruede sola, pero los silbidos del pastor son necesarios en caso de que aparezca un tractor u otro vehículo, y sea necesaria una  variación momentánea en la formación. 

También el propietario se encarga de las nuevas adquisiciones y de comprobar que se cumplen  las fechas de esquilar las ovejas, el ordeño diario y la fabricación de queso, aunque sean labores del gerente. 

Todo este conjunto, debidamente creado y engrasado, funciona adecuadamente, con el respeto hacia el valor de las labores de cada uno. 

Y todo esto ha surgido porque esta mañana he visto pasar, a lo lejos, el rebaño de ovejas de todos los días, con su perro y su pastor. 

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